JoanUribe
Poeta recién llegado
Te haría el amor sin nada de palabras, e incluso solo con la mente
porque allí es donde se cumplirían mis ambiciosas fantasías,
te haría el amor al empezar y al terminar el día
con afecto, con dulzura, y si lo deseas, suavemente;
pero también te haría el amor abruptamente
para mostrarte que podemos vivir cosas que ni siquiera conocías.
Te idolatraría y creería que no es cierto eso
de que pueda estar contigo una noche en la misma cama,
te miraría directo a los ojos y encendería la llama
de tu cuerpo y de tu alma con tan solo un par de besos,
me aseguraría de hacerte sentir deseada hasta en cada uno de tus huesos
y dejaría mi nombre impreso en tu boca por si ella vuelve y me llama.
Y si te muestras displicente, te despertaría todos los anhelos
palpando con mis manos cada rincón de tu figura,
detendría el tiempo posándome detrás de tu cintura
y lo pondría nuevamente a marchar cuando nos acostemos en el suelo;
y te haría notar que nunca fue tan fácil alcanzar el cielo
simplemente porque el mismo cielo se encontraría a nuestra altura.
Porque te haría el amor de forma desconocida
y me exaltaría recorriendo con mi boca cada poro de tu piel
como si de ello dependiese cada hora de mi detestable vida,
y la pasión sería una obra, en donde tú serías el lienzo y yo el pincel.
Te haría el amor, mujer, mostrando mi lujuria desmedida,
te haría el amor mucho mejor que él.
Pues no hay nadie que te fantasee tanto como yo lo hago,
nadie, amada mía, te cree una diosa, como yo lo creo;
nadie más ve en ti lo que yo siempre veo
por eso, quiero que permitas que dejemos de un lado los halagos
y me dejes invitarte a que en una noche causemos mil estragos
porque no nos revolcaremos en las sábanas, amor,
ante todo, nos revolcaremos en deseos.
porque allí es donde se cumplirían mis ambiciosas fantasías,
te haría el amor al empezar y al terminar el día
con afecto, con dulzura, y si lo deseas, suavemente;
pero también te haría el amor abruptamente
para mostrarte que podemos vivir cosas que ni siquiera conocías.
Te idolatraría y creería que no es cierto eso
de que pueda estar contigo una noche en la misma cama,
te miraría directo a los ojos y encendería la llama
de tu cuerpo y de tu alma con tan solo un par de besos,
me aseguraría de hacerte sentir deseada hasta en cada uno de tus huesos
y dejaría mi nombre impreso en tu boca por si ella vuelve y me llama.
Y si te muestras displicente, te despertaría todos los anhelos
palpando con mis manos cada rincón de tu figura,
detendría el tiempo posándome detrás de tu cintura
y lo pondría nuevamente a marchar cuando nos acostemos en el suelo;
y te haría notar que nunca fue tan fácil alcanzar el cielo
simplemente porque el mismo cielo se encontraría a nuestra altura.
Porque te haría el amor de forma desconocida
y me exaltaría recorriendo con mi boca cada poro de tu piel
como si de ello dependiese cada hora de mi detestable vida,
y la pasión sería una obra, en donde tú serías el lienzo y yo el pincel.
Te haría el amor, mujer, mostrando mi lujuria desmedida,
te haría el amor mucho mejor que él.
Pues no hay nadie que te fantasee tanto como yo lo hago,
nadie, amada mía, te cree una diosa, como yo lo creo;
nadie más ve en ti lo que yo siempre veo
por eso, quiero que permitas que dejemos de un lado los halagos
y me dejes invitarte a que en una noche causemos mil estragos
porque no nos revolcaremos en las sábanas, amor,
ante todo, nos revolcaremos en deseos.