Jose Luis Garay
Poeta recién llegado
Te hice el desafío
y fue entonces que escuché
tu jubiloso corazón palpitar,
fué el encanto del momento
no podías correr para esconderte
tu deseo por el amor
se reflejaba en el semblante de tu rostro
aun oía el eco silencioso de tus pensamientos.
Nos tomamos de la mano y sentimos cierto vértigo
tal como si estuvieramos a la orilla de un desfiladero,
mas cuando llegamos a mi alcoba
en la habitación se sentía el encanto de un castillo,
nos abrazamos por un largo rato
la fragancia de tu pelo me seducía aun más
cerramos las cortinas de la ventana
y apagamos la luz del día.
Te besé en la boca y sentí lo dulce de tu paladar
musité en tu oído todo lo que tenía
guardado en mi corazón por decirte,
estabas como petrificada, me miraste a los ojos y sonreiste;
nos desnudamos uno al otro disolutamente
y tendiste tu cuerpo sobre la cama,
al verte resaltó ante mis ojos una demostración
que adornaba entre tus caderas
un monojo de cabellos
después de poner mi rostro ahí
era como si me hundiera en la nieve,
En seguida, tu me tragabas como la aspiradora se traga el polvo
mientras que por mis venas corría mi sangre
tan caliente como si fuera lava,
era el fuego del amor.
Rendidos por la pasión expresaste.
¡Por fin soy tuya, por fin eres mío!
Amanecimos en la cama
muy placenteros y calientitos
con tu pelo alborotado sobre mi brazo
te hice una caricia y te dije:
Gracias por aceptar el desafío.
No lo menciones replicaste
¿Pero sabes una cosa josé?
por poco me dejas sin vida, vos.
Escribe José Luis Garay PROPERMEX
y fue entonces que escuché
tu jubiloso corazón palpitar,
fué el encanto del momento
no podías correr para esconderte
tu deseo por el amor
se reflejaba en el semblante de tu rostro
aun oía el eco silencioso de tus pensamientos.
Nos tomamos de la mano y sentimos cierto vértigo
tal como si estuvieramos a la orilla de un desfiladero,
mas cuando llegamos a mi alcoba
en la habitación se sentía el encanto de un castillo,
nos abrazamos por un largo rato
la fragancia de tu pelo me seducía aun más
cerramos las cortinas de la ventana
y apagamos la luz del día.
Te besé en la boca y sentí lo dulce de tu paladar
musité en tu oído todo lo que tenía
guardado en mi corazón por decirte,
estabas como petrificada, me miraste a los ojos y sonreiste;
nos desnudamos uno al otro disolutamente
y tendiste tu cuerpo sobre la cama,
al verte resaltó ante mis ojos una demostración
que adornaba entre tus caderas
un monojo de cabellos
después de poner mi rostro ahí
era como si me hundiera en la nieve,
En seguida, tu me tragabas como la aspiradora se traga el polvo
mientras que por mis venas corría mi sangre
tan caliente como si fuera lava,
era el fuego del amor.
Rendidos por la pasión expresaste.
¡Por fin soy tuya, por fin eres mío!
Amanecimos en la cama
muy placenteros y calientitos
con tu pelo alborotado sobre mi brazo
te hice una caricia y te dije:
Gracias por aceptar el desafío.
No lo menciones replicaste
¿Pero sabes una cosa josé?
por poco me dejas sin vida, vos.
Escribe José Luis Garay PROPERMEX
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