jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
en el fondo, no te quieres morir
aun cuando tu puta vida no tenga en realidad
nada que te haga considerarla un precioso regalo de los dioses
-más bien tiendes a pensar lo contrario-
y aun cuando la evidencia de que tarde o temprano
te llegará la hora, la sientas a cada instante
latir en las venas y circularte por la cabeza
y envolverte como envuelve la mujer indígena
a su retoño hasta casi asfixiarlo, aun así
sigues pensando que no tendrías necesariamente que morir
que un milagro, que un olvido, que una medicina
que no te has muerto todavía y eso indica
que le vas ganando la partida a la muerte
todos se han muerto, es cierto
pero de todos esos ninguno eras tú
y además se morirían vete tú a saber por qué razón
se morirían por aburrimiento, por inclinación, por la regla de tres
quizás habrán tenido muchas ganas de morirse
quizá les molestase el sol o los impuestos o la geografía
y se murieron entonces lo suficiente para quitarse la molestia;
evitar morirse no tiene porqué ser hazaña privativa de los dioses
le has dado vueltas a la cuestión y has concluido
que uno puede no morirse siempre y cuando
se emplee a fondo en ello y siga un método adecuado
en primer lugar repetirse todas las mañanas
"hoy no me voy a morir" unas doscientas veces
-el convencimiento y la autosugestión son la clave
para lograr cualquier cosa que uno se proponga-
a mediodía intercalar un espacio de meditación
para reflexionar acerca de la maravilla de estar vivo
dejarse invadir por la certeza de que uno
aun siendo una partícula insignificante de la creación
-y le duelan los huesos a veces y se sienta triste
y ocasionalmente pierda una muela y cada día
tenga que contar más arrugas en el puto espejo-
es impelido a través de cada molécula que lo conforma
por la misma fuerza cósmica que mantiene
cada estrella brillando en su sitio dentro del universo;
y no dejar de repetirse cada tanto a lo largo del día
"no estoy muerto, no estoy muerto, oh, no estoy muerto"
esperando en el banco que la puta fila se mueva de una vez
o mientras llenas por triplicado un jodido formulario
de 20 hojas por los dos lados para hacienda
o estás metido en el usual atasco de tráfico de vuelta a casa
"no estoy muerto, no estoy muerto" mientras tu mujer
te sirve la cena con esa jodida mueca amarga
que cada día se le incrusta más profundamente en la cara
-"yo no estoy muerto pero esta pendeja parece
una zombie que acabara de salir de un agujero húmedo y frío"-
y después de cenar ver la tele con un vaso de whisky
y después del primero un segundo whisky pero doble
y luego triple y luego empinarte la puta botella
no, no estás muerto, claro que no
-¿cuándo se ha sabido que un muerto
se trague el alcohol como si fuera agua?-
aunque tampoco estar vivo sea una cosa que te cagas
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