Te puedo sentir
Puedo besarte y despedirme del mundo
hasta ya no dar más,
de esos brincos coquetos,
más de esos suspiros honrosos
de puro amor cenobial.
Puedo besarte y despedirme del nombre
que le dio mi padre orgulloso
al señor charlatán,
el que llevo inscrito en mi anverso
en el registro que le hace uno a la vida
detallando los soliloquios con dios,
besándole al recuerdo, y no dar mas.
Puedo besarte y llenarme de atrevimientos
como si fuera aún el imberbe lamento
de no haberme aventado a tu lado
a los ríos de taninos errados.
Puedo hacer tantas cosas en este lugar
en donde le puedo ver a la gente
pequeña
como si para ellos no fuera vital
saber las razones, deméritos
que se acumulan en el umbral
cada vez que le abro al tonito
que siento anhelando chasquidos,
esos que sueltan tus pasos
cuando decides darme un abrazo,
como si fuéramos ramas en una ventisca
y todo se remolinara sin que puedan
mis manos atarte a este mundo
en donde aún se encuentran algunas tibiezas.
Puedo besarte y correr luego a alcanzarte
sin sentir que mañana puedes partir
y me siento, desatadamente oneroso
buscando las calmas esquivas
al abrir mis ojos y verte dormida.
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