Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Te siento respirar,
el viento dice que estas por despertar,
los arboles ponen sus hojas ,
el cielo su color,
Dios piadoso produce en milagro,
de tus ojos entreabiertos.
Yo te extraño cuando duermes,
yo te extraño cuando sueñas,
yo te extraño cuando le robas un segundo,
a mi propia existencia.
Yo te extraño cuando callas ,
cuando miras por la ventana,
cuando riegas las plantas ,
cuando caminas distraída por la casa,
cuando me hablas,
yo te extraño.
Me pierdo en tu mirada,
solo es eso,
me arrastra tu cuerpo como el magneto al hierro,
y te miro como las flores miran el sol en la mañana,
y te espero como el desierto a la lluvia,
como el labriego espera que brote su siembra.
Así mi piel se mezcla con tu aliento.
Tulipán enamorado de su rosa rosada,
en espera de su muerte matutina ,
que le da la vida para renacer y pararse
en su vara vestido de azucenas.
Mullida y cálida la muerte,
rodeada su corona de terciopelos de seda,
pereciendo ahogado en tus mares de miel,
golpeado por el monte de su condena,
aprisionado en su cepo en flor.
Clama tu rosa el enrojecido pecho
de la armadura dorada,
que va adelante de las innumerables huestes
que recorren mi sangre.
Y sobrevivo la mañana,
Y sobrevives con migo,
quedando tus ojos y los míos,
suspendidos en medio de los besos,
solo mirándose,
detenida y cálidamente,
después de la batalla.
el viento dice que estas por despertar,
los arboles ponen sus hojas ,
el cielo su color,
Dios piadoso produce en milagro,
de tus ojos entreabiertos.
Yo te extraño cuando duermes,
yo te extraño cuando sueñas,
yo te extraño cuando le robas un segundo,
a mi propia existencia.
Yo te extraño cuando callas ,
cuando miras por la ventana,
cuando riegas las plantas ,
cuando caminas distraída por la casa,
cuando me hablas,
yo te extraño.
Me pierdo en tu mirada,
solo es eso,
me arrastra tu cuerpo como el magneto al hierro,
y te miro como las flores miran el sol en la mañana,
y te espero como el desierto a la lluvia,
como el labriego espera que brote su siembra.
Así mi piel se mezcla con tu aliento.
Tulipán enamorado de su rosa rosada,
en espera de su muerte matutina ,
que le da la vida para renacer y pararse
en su vara vestido de azucenas.
Mullida y cálida la muerte,
rodeada su corona de terciopelos de seda,
pereciendo ahogado en tus mares de miel,
golpeado por el monte de su condena,
aprisionado en su cepo en flor.
Clama tu rosa el enrojecido pecho
de la armadura dorada,
que va adelante de las innumerables huestes
que recorren mi sangre.
Y sobrevivo la mañana,
Y sobrevives con migo,
quedando tus ojos y los míos,
suspendidos en medio de los besos,
solo mirándose,
detenida y cálidamente,
después de la batalla.