Teyalmendras
Poeta recién llegado
Te tamizas con descaro por los resquicios de mi pálida vergüenza. Sigues arrogante y descreída como aquel primer día que por casualidad nos conocimos.
Oigo tantas y tantas cosas
y nunca hablas del futuro, del resto de nuestros días.
Abraza tu cuello el pelo húmedo recién lavado, envolviéndolo con solo un gesto de movimiento desenfadado
me gusta y me hace pensar.
No recuerdo verte tan satisfecha como cuando saboreas ese fino chocolate francés y jugueteas con él en la boca. Sera culpa de mi memoria
o de esta vida tan injusta que solo da respuestas donde no las busco.
Tan cercana como distante reapareces a mi lado
mostrándote para volverte a ocultar al poco tiempo, dispersa y enigmática.
Pero me siento tan feliz contigo
tanto, que me replanteo seguir despierto eternamente para no cambiar nunca más de sueño.
Eres la caja de equilibrios rotos que arrastraba en mi conciencia antes de conocerte
como aquel relámpago que nos descosió la negra noche sin luna.
Aun siento chispazos al rozarte, al verte desnuda tras los estantes del día
cuando deletreo la literatura cordial que me procuran tus curvas precisas.
Eres cadencia vital, ritmo lego de vida generado en tus turbinas
arremolinas la esencia en las palabras, el verso en las mentiras.
Después de tanto tiempo sigues colándote con frescura por las ranuras de mí cobardía, sé que sigo queriéndote aun más que aquel primero de los dias.