Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Mi mujer demonio;
capaz de un mordaz beso
que te quite la vida,
o de una caricia divina
que te regale un cielo bordado
con hilos del corazón.
Mujer que en oleadas
desborda deseos profundos,
socaban el alma aterrada,
esperando tendida en mi cama,
que es un ardiente cadalso
donde ejecuta el amor.
Mujer infinita,
perfecta joya radiante,
tus ojos guardan secretos eternos
por los que mi esencia boyante,
es convicta de tu prisión.
Mujer que trasciende,
tu soplo dorado lo fecunda todo;
si tocas las aguas perpetuas,
ellas suspiran y nacen tormentas;
forjas futuro ceñido en guirnaldas,
con la sabia sapiencia de tus palabras;
conviertes la hiel en el pecho
en mieles que pruebas y saben,
a fruta crecida sobre mi lecho.
Mi mujer demonio;
perdida en la bruma,
consorte celosa de un tiempo añejado,
hoy quiero tu cuerpo,
tu sustancia y tus besos,
tan solo te ofrezco
el amor, mi alma y mis versos.
capaz de un mordaz beso
que te quite la vida,
o de una caricia divina
que te regale un cielo bordado
con hilos del corazón.
Mujer que en oleadas
desborda deseos profundos,
socaban el alma aterrada,
esperando tendida en mi cama,
que es un ardiente cadalso
donde ejecuta el amor.
Mujer infinita,
perfecta joya radiante,
tus ojos guardan secretos eternos
por los que mi esencia boyante,
es convicta de tu prisión.
Mujer que trasciende,
tu soplo dorado lo fecunda todo;
si tocas las aguas perpetuas,
ellas suspiran y nacen tormentas;
forjas futuro ceñido en guirnaldas,
con la sabia sapiencia de tus palabras;
conviertes la hiel en el pecho
en mieles que pruebas y saben,
a fruta crecida sobre mi lecho.
Mi mujer demonio;
perdida en la bruma,
consorte celosa de un tiempo añejado,
hoy quiero tu cuerpo,
tu sustancia y tus besos,
tan solo te ofrezco
el amor, mi alma y mis versos.