Víctor Ugaz Bermejo
refugio felino
Hojarascas del cielo, perladas y esmeraldas
cubren tu mirar que se quedó en el horizonte,
saltos húmedos e inquietos en mis espaldas.
Te llamo, te nombro pero nadie me responde.
Se abren las cortinas de lluvia con mis pasos
los pisos se alfombraban con espejos,
corría y llevaba abiertos los brazos.
Las persianas de humedad ya te reflejan lejos.
Te escondiste en el umbral de mi mirar
pálida luna sin reflejo ni sombra.
te descubrí por que no te sabias ocultar.
En todo este sentimiento que sobra.
Guardas mucho de la noche, en tu mirada
el brillo relampagueante de un lucero,
el color azabache con que fueras pintada.
Y ese temblor de luna, cuando decías te quiero.
Un día del cual conservaremos el recuerdo
será el señalado, quizá una tarde de ocasos,
una noche iluminada por nuestro acuerdo.
O la mañana que me den alcance tus pasos.
Si alguna vez decides regresar
pero el tren ya haya partido,
y tengas que en la estación esperar.
Recuérdame en la necesidad, como al latido.
Desprendida la última luna y aun dormida
ha golpeado la soledad al cristal de mi mirada,
desbordando la humedad contenida.
Te marchaste mujer, que te sentía amada.
cubren tu mirar que se quedó en el horizonte,
saltos húmedos e inquietos en mis espaldas.
Te llamo, te nombro pero nadie me responde.
Se abren las cortinas de lluvia con mis pasos
los pisos se alfombraban con espejos,
corría y llevaba abiertos los brazos.
Las persianas de humedad ya te reflejan lejos.
Te escondiste en el umbral de mi mirar
pálida luna sin reflejo ni sombra.
te descubrí por que no te sabias ocultar.
En todo este sentimiento que sobra.
Guardas mucho de la noche, en tu mirada
el brillo relampagueante de un lucero,
el color azabache con que fueras pintada.
Y ese temblor de luna, cuando decías te quiero.
Un día del cual conservaremos el recuerdo
será el señalado, quizá una tarde de ocasos,
una noche iluminada por nuestro acuerdo.
O la mañana que me den alcance tus pasos.
Si alguna vez decides regresar
pero el tren ya haya partido,
y tengas que en la estación esperar.
Recuérdame en la necesidad, como al latido.
Desprendida la última luna y aun dormida
ha golpeado la soledad al cristal de mi mirada,
desbordando la humedad contenida.
Te marchaste mujer, que te sentía amada.
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:: ke bueno ke yo soy de tlaxcala::
:: nos vemos pronto y sige asi ::