Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Desde la tierna infancia tuve ese miedo incesante a la Gorgona, imaginaba su rostro desencajado en medio de un lupanar de serpientes con ojillos brillosos y terroríficos colmillos. Tenía la seguridad entonces de que no podría existir criatura más espantosa y repulsiva como ella. Y en la oscuridad incluso, llegue a ser víctima de su presencia fantasmal entre cascabeles.
Hoy, se tardíamente que exageré mis percepciones niñas. Ahora la Gorgona dejó de ser un monstruo y se me presenta como una beldad exquisita y primorosa, comparándola con la lengua sucia del “Santo inquisidor” que me ha declarado culpable, con una torcida sonrisa...
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Hoy, se tardíamente que exageré mis percepciones niñas. Ahora la Gorgona dejó de ser un monstruo y se me presenta como una beldad exquisita y primorosa, comparándola con la lengua sucia del “Santo inquisidor” que me ha declarado culpable, con una torcida sonrisa...
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