Tus ojos hablan cuando calla tu boca
y se agitan tus manos entre gestos que engañan.
Caprichos, desdenes, orgullosos placeres...
¡Qué dulce desenfreno!. ¡Qué agradable humor!.
Es el clandestino aroma de tu piel sudada,
que recorre ese sendero de momento inesperado
explotando en el elixir feromonas de lujuria
perdiendo obscuridad la noche al fenecer.
Entre tanto con el aire se desvanecen los besos,
y arrecian los abrazos cual tumultuosos rayos;
y en mi jardín suntuoso resaltaba una rosa
que aun siendo espinosa un día se extravió...
perdiendo su camino en las nubes moradas
y acabó enamorada de tu jazmín en flor.
Más en el bosque espeso, azules tulipanes
oyen cómo cantan colibríes y cardinales
porque hablaron tus ojos de toda la belleza
y de la delicadeza con que besan los labios
de aquella doncella que va luciendo airosa
la más dulce sonrisa de nieve y de coral...
Es el temperamento que cala al sentimiento,
en donde el pensamiento es aire fenecido
con las avellanedas marchitas por doquier
porque el amor se ha ido, no sabré más de él...
y en el recuerdo triste, plasmado en un papel
volátil la sonrisa de tu cariño cruel.
y se agitan tus manos entre gestos que engañan.
Caprichos, desdenes, orgullosos placeres...
¡Qué dulce desenfreno!. ¡Qué agradable humor!.
Es el clandestino aroma de tu piel sudada,
que recorre ese sendero de momento inesperado
explotando en el elixir feromonas de lujuria
perdiendo obscuridad la noche al fenecer.
Entre tanto con el aire se desvanecen los besos,
y arrecian los abrazos cual tumultuosos rayos;
y en mi jardín suntuoso resaltaba una rosa
que aun siendo espinosa un día se extravió...
perdiendo su camino en las nubes moradas
y acabó enamorada de tu jazmín en flor.
Más en el bosque espeso, azules tulipanes
oyen cómo cantan colibríes y cardinales
porque hablaron tus ojos de toda la belleza
y de la delicadeza con que besan los labios
de aquella doncella que va luciendo airosa
la más dulce sonrisa de nieve y de coral...
Es el temperamento que cala al sentimiento,
en donde el pensamiento es aire fenecido
con las avellanedas marchitas por doquier
porque el amor se ha ido, no sabré más de él...
y en el recuerdo triste, plasmado en un papel
volátil la sonrisa de tu cariño cruel.