Eduardo Bretón
Poeta recién llegado
Su danza era hipnótica, como el cadente movimiento de una cobra, infinitamente sexual, seductora y tan femenina como el engaño, como la ilusión que sobrenada los sentidos. Su cuerpo una joya, flor de loto, jardines babilónicos que funden la vista con el bálsamo de la pasión... Así era ella, seductora, la fiera en celo que sedujo con caricias el sueño de mi amor... Absolutamente traicionera y magnifica, por ello le temo y me fascina, como el desierto, como el mar, como la más hermosa tempestad.