Extiendo mis alas,
y miro al cielo,
con los ojos cerrados,
observo tu recuerdo.
A lo alto de esta cima
nadie llega,
los que lo intentaron
se fueron abajo por la peña.
Es mi cumbre sagrada,
mi fiel amiga.
Vengo cuando llueve o truena,
cuando hace sol o nieva.
Aquí expando mis alas,
aquí escucho la nada.
Oteo el horizonte sin ver nada,
nada de lo que creeis vosotros importante,
de eso, no hay nada.
Buscate tu templo
en el que puedas ser tu Dios.
En el que puedas soltar tus graznidos,
sin que te responda el eco.
En el que la vida cobre su sentido,
solo por tu respiración.
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