Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Tengo frío,
y el frío no es sólo de hueso y piel,
es un tango desafinado en la garganta,
un bostezo de invierno atrapado en los pulmones.
No es el frío del termómetro
ni el que se sacude con café y bufanda.
Es otro, más hondo,
el que se cuela entre las sílabas
y deja los verbos con las manos entumecidas.
Porque este frío es un insomnio en la nuca,
un silencio con los ojos abiertos,
un gato que maúlla desde la memoria,
despeinando las horas que ya no vuelven.
Lo intento, lo juro,
pero la frazada se ríe de mí,
la estufa bosteza con desgano
y la ciudad sigue soplando su aliento de hielo.
Entonces cierro los ojos,
me abrazo a una idea tibia,
un recuerdo de sol que nunca existió,
y ahí, tal vez, el frío se haga menos frío.
y el frío no es sólo de hueso y piel,
es un tango desafinado en la garganta,
un bostezo de invierno atrapado en los pulmones.
No es el frío del termómetro
ni el que se sacude con café y bufanda.
Es otro, más hondo,
el que se cuela entre las sílabas
y deja los verbos con las manos entumecidas.
Porque este frío es un insomnio en la nuca,
un silencio con los ojos abiertos,
un gato que maúlla desde la memoria,
despeinando las horas que ya no vuelven.
Lo intento, lo juro,
pero la frazada se ríe de mí,
la estufa bosteza con desgano
y la ciudad sigue soplando su aliento de hielo.
Entonces cierro los ojos,
me abrazo a una idea tibia,
un recuerdo de sol que nunca existió,
y ahí, tal vez, el frío se haga menos frío.