Neida C. Mina
Poeta recién llegado
(Yo)
Te suspiré,
mi pecho latía fuerte
por un deseo vehemente,
que quise arrojarme
y beberte.
(Él)
La sed proviene de mí
desde mi interior,
¿acaso tu oído
no escuchó
el alarido de mi corazón?
Estando inmóvil
estando partido en dos
¿no pudiste sentir
el actuar de mi amor?
Lo que no pude hacer
frente a frente
mi espiritu lo logró,
fue incansable
todos los reinos cruzó,
el fuego ardiente en mí
me hizo un loco amador,
que para siempre tenerte
todo sin dudar lo dió.
Y yo tengo sed
sed ardiente de ti,
estas llamas
ni la lluvia apagará,
considera mi sed
y dame tu amor a tomar,
(Yo)
si eso es lo que buscas
dame primero a probar,
pues he sido desierto y roca
pero partirme tú podrás
haciendo el agua brotar.
(El y yo)
Oh, amor mío,
agua más fresca que tú
no me podrás dar,
Oh, amor mío,
has prevenido mi amor
eres la causa de mi suspirar,
tú eres ese manantial
que me saciará.
Te suspiré,
mi pecho latía fuerte
por un deseo vehemente,
que quise arrojarme
y beberte.
(Él)
La sed proviene de mí
desde mi interior,
¿acaso tu oído
no escuchó
el alarido de mi corazón?
Estando inmóvil
estando partido en dos
¿no pudiste sentir
el actuar de mi amor?
Lo que no pude hacer
frente a frente
mi espiritu lo logró,
fue incansable
todos los reinos cruzó,
el fuego ardiente en mí
me hizo un loco amador,
que para siempre tenerte
todo sin dudar lo dió.
Y yo tengo sed
sed ardiente de ti,
estas llamas
ni la lluvia apagará,
considera mi sed
y dame tu amor a tomar,
(Yo)
si eso es lo que buscas
dame primero a probar,
pues he sido desierto y roca
pero partirme tú podrás
haciendo el agua brotar.
(El y yo)
Oh, amor mío,
agua más fresca que tú
no me podrás dar,
Oh, amor mío,
has prevenido mi amor
eres la causa de mi suspirar,
tú eres ese manantial
que me saciará.