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Tenía uno de esos rostros

AnonimamenteYo

Poeta adicto al portal
Tenía uno de esos rostros
poco insistentes
de los que al final,
de tanto mirar,
te acabas acostumbrando.
De los que no irrumpen en salones dorados,
de los que no encenderán coplas ni aplausos.
No era tan hermosa
como una estrella fugaz,
ni delicada
como un pétalo acurrucado en el alba.
Era más bien, esa clase de belleza
que deja muchas preguntas en la lengua,
y otras veces,
mas bien al contrario.
Pero había algo,
no sabría decirte el qué,
como cuando acontece
un relámpago sin trueno aparente;
algo, con su mueca torpe,
como si todo el mundo conspirara
y la estuviera buscando.
Tenía algo,
que nunca se olvida;
cuando el alba se apagaba en su frente,
podías ver
el mapa imperfecto de sus mejillas,
un mar en sus ojos de calma,
donde nunca pude esconderme.
Sus manos eran tímidas
pero siempre estaban ahí,
domando, sin saberlo,
los ciclones de mi pecho.
Y era una tarde cualquiera,
cuando la luz mordía al verano
que la hiedra fue trepando las ruinas
y de ti,
de a poco a poco,
me fui enamorando.
 
Última edición:
Tenía uno de esos rostros
poco insistentes
de los que al final,
de tanto mirar,
te acabas acostumbrando.
De los que no irrumpen en salones dorados,
de los que no encenderán coplas ni aplausos.
No era tan hermosa
como una estrella fugaz,
ni delicada
como un pétalo acurrucado en el alba.
Era más bien, esa clase de belleza
que deja muchas preguntas en la lengua,
y otras veces,
mas bien al contario.
Pero había algo,
no sabría decirte el qué,
como cuando acontece
un relámpago sin trueno aparente;
algo, con su mueca torpe,
como si todo el mundo conspirara
y la estuviera buscando.
Pero tenía algo,
que nunca se olvida;
cuando el alba se apagaba en su frente,
podías ver
el mapa imperfecto de sus mejillas,
un mar en sus ojos de calma,
donde nunca pude esconderme.
Sus manos eran tímidas
pero siempre estaban ahí,
domando, sin saberlo,
los ciclones de mi pecho.
Y era una tarde cualquiera,
cuando la luz mordía al verano
que la hiedra fue trepando las ruinas
y de ti,
de a poco a poco,
me fui enamorando.
Algo así como deslumbrante y amor a primera vista.

Saludos
 
Tenía uno de esos rostros
poco insistentes
de los que al final,
de tanto mirar,
te acabas acostumbrando.
De los que no irrumpen en salones dorados,
de los que no encenderán coplas ni aplausos.
No era tan hermosa
como una estrella fugaz,
ni delicada
como un pétalo acurrucado en el alba.
Era más bien, esa clase de belleza
que deja muchas preguntas en la lengua,
y otras veces,
mas bien al contario.
Pero había algo,
no sabría decirte el qué,
como cuando acontece
un relámpago sin trueno aparente;
algo, con su mueca torpe,
como si todo el mundo conspirara
y la estuviera buscando.
Pero tenía algo,
que nunca se olvida;
cuando el alba se apagaba en su frente,
podías ver
el mapa imperfecto de sus mejillas,
un mar en sus ojos de calma,
donde nunca pude esconderme.
Sus manos eran tímidas
pero siempre estaban ahí,
domando, sin saberlo,
los ciclones de mi pecho.
Y era una tarde cualquiera,
cuando la luz mordía al verano
que la hiedra fue trepando las ruinas
y de ti,
de a poco a poco,
me fui enamorando.
Decía un compatriota tuyo: Sé que no era la más guapa del mundo, pero juro que era más guapa que cualquiera.
Muchas gracias, Paco, por compartir.
Saludos cordiales.
 
Tenía uno de esos rostros
poco insistentes
de los que al final,
de tanto mirar,
te acabas acostumbrando.
De los que no irrumpen en salones dorados,
de los que no encenderán coplas ni aplausos.
No era tan hermosa
como una estrella fugaz,
ni delicada
como un pétalo acurrucado en el alba.
Era más bien, esa clase de belleza
que deja muchas preguntas en la lengua,
y otras veces,
mas bien al contario.
Pero había algo,
no sabría decirte el qué,
como cuando acontece
un relámpago sin trueno aparente;
algo, con su mueca torpe,
como si todo el mundo conspirara
y la estuviera buscando.
Pero tenía algo,
que nunca se olvida;
cuando el alba se apagaba en su frente,
podías ver
el mapa imperfecto de sus mejillas,
un mar en sus ojos de calma,
donde nunca pude esconderme.
Sus manos eran tímidas
pero siempre estaban ahí,
domando, sin saberlo,
los ciclones de mi pecho.
Y era una tarde cualquiera,
cuando la luz mordía al verano
que la hiedra fue trepando las ruinas
y de ti,
de a poco a poco,
me fui enamorando.

Que bueno poeta. Has ido tejiendo una bella historia para darle un broche final perfecto.
Ha sido un verdadero deleite disfrutar de tus letras querido amigo.
Siempre un placer . Un fuerte abrazo.

 
Decía un compatriota tuyo: Sé que no era la más guapa del mundo, pero juro que era más guapa que cualquiera.
Muchas gracias, Paco, por compartir.
Saludos cordiales.
ue bueno poeta. Has ido tejiendo una bella historia para darle un broche final perfecto.
Ha sido un verdadero deleite disfrutar de tus letras querido amigo.
Siempre un placer . Un fuerte abrazo.
Agradecido yo por vuestro tiempo. Un abrazo navideño;):)
 
Tenía uno de esos rostros
poco insistentes
de los que al final,
de tanto mirar,
te acabas acostumbrando.
De los que no irrumpen en salones dorados,
de los que no encenderán coplas ni aplausos.
No era tan hermosa
como una estrella fugaz,
ni delicada
como un pétalo acurrucado en el alba.
Era más bien, esa clase de belleza
que deja muchas preguntas en la lengua,
y otras veces,
mas bien al contario.
Pero había algo,
no sabría decirte el qué,
como cuando acontece
un relámpago sin trueno aparente;
algo, con su mueca torpe,
como si todo el mundo conspirara
y la estuviera buscando.
Pero tenía algo,
que nunca se olvida;
cuando el alba se apagaba en su frente,
podías ver
el mapa imperfecto de sus mejillas,
un mar en sus ojos de calma,
donde nunca pude esconderme.
Sus manos eran tímidas
pero siempre estaban ahí,
domando, sin saberlo,
los ciclones de mi pecho.
Y era una tarde cualquiera,
cuando la luz mordía al verano
que la hiedra fue trepando las ruinas
y de ti,
de a poco a poco,
me fui enamorando.

Esa conocida frase que dice que la belleza está en los ojos del observador es una gran verdad.
Ver la hermosura de alguien es contemplar con ojos más profundos que los físicos.
Es un gusto leer tu poesía tan emotiva y bien escrita.
Saludos y muy feliz domingo e inicio de semana.
 
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