Constantino
Poeta recién llegado
Traigo el silbido del cuchillo bajo la manga
cuando me observan tus ojos de adamantina,
y no voy a negar, sientan bien en mi subrepticia herida,
como aloe absorben desdicha,
como hembra inyectan lascivia
y como tomada arrojan apasionantes paredes prohibidas.
Dríade, no busques mi mirada,
ni flirtees bajo jade y ramas de lujuria prima,
que dentro de mí, dentro del remoto mar,
dentro del desconocido nácar circundante de la soledad,
dentro de las distantes y profundas grutas,
las aves de mi alcurnia,
los faroles del atardecer, la pluma blanca,
el rompimiento de la ola, el jugo de la membrana,
el resuello antes de la lluvia
y dentro del clásico ocio de mis tinieblas
encontrarás mis ermitaños pilares,
los escondidos altares,
cimientos de mi maldita y entereza conciencia.
Constantino H.
cuando me observan tus ojos de adamantina,
y no voy a negar, sientan bien en mi subrepticia herida,
como aloe absorben desdicha,
como hembra inyectan lascivia
y como tomada arrojan apasionantes paredes prohibidas.
Dríade, no busques mi mirada,
ni flirtees bajo jade y ramas de lujuria prima,
que dentro de mí, dentro del remoto mar,
dentro del desconocido nácar circundante de la soledad,
dentro de las distantes y profundas grutas,
las aves de mi alcurnia,
los faroles del atardecer, la pluma blanca,
el rompimiento de la ola, el jugo de la membrana,
el resuello antes de la lluvia
y dentro del clásico ocio de mis tinieblas
encontrarás mis ermitaños pilares,
los escondidos altares,
cimientos de mi maldita y entereza conciencia.
Constantino H.