ADEXFI
Poeta adicto al portal
POR LAS MARIANAS
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Es que éramos pocos y muchos menos
los sábados de ayuno y oración,
una pequeña colonia de latinos,
en un país que necesita tanto de Cristo.
Cuando no te quieres involucrar
y solo quieres ver cómo interactúan
el bien y el mal.
Y decides estudiar teología Mariana
por tu cuenta, sobre su valeria:
su valentía y fortaleza de sacrificio.
Solo, en tu cuarto y vestirte como quieras
...en pijamas.
Libre, en paz, tratando de llevarme
bien con el ser humano, incluyéndome,
que no se porque, tenemos
el conocimiento del mal.
Ese día volvió a entrar en mi un gran amor
por la obra de Dios y como se mueve
entre su rebaño. Fui a ver a Juan Carlos.
Es que siempre esperaba la llegada
de Juan Carlos, el más frívolo de la Iglesia
a quien lo paraban exhortando.
Amonestarlo,
aconsejarlo,
sepárarlo,
recuperarlo...
Es que solo hablaba de fútbol,
Es que no avanzaba en su capacitación.
Es que siempre llegaba con alegría
con sus cinco hijos, con sus dos lindas
niñas de cuatro años,
que yo pensé que solo era una,
y que casi me dio un infarto cuando las vi
jugando juntas a las gemelas.
Juan Carlos el que solía hablar de todo,
menos de religión, luego de las predicas.
El que solía dar clases de historia de los
Judíos, de los Egipcios, de los Árabes...
El que solía poner en aprietos
al pastor Pedro, que consultaba a su mujer
preguntadole en el oído lo que no entendía,
cosa que a mi me parecía muy divertido.
Es que ese día de Mayo, cuando Paola tenía
abrazado sentado en sus piernas,
a Juancito uno de los hijos de Juan Carlos.
Es que el niño se daba de golpes con furia en sus cortas piernas.
no, no...decía Paola, a este niño le pasa algo,
y llamando al pastor Tomas a rezar por el niño.
Se descubrió el secreto de Juan Carlos.
Es que, Tomas estaba arreglando unas persianas
con Juan Carlos y se acercó
ante el segundo llamado de Paola.
Entonces llegó se arrodilló y abrazo al niño
tocándole la frente y empezó a reprender,
y todos formamos un círculo al rededor.
Entonces se desató el enfrentamiento
de dos reinos,
y todos nos unimos a el, gritando a viva voz,
reprendiendo al enemigo,
a la enfermedad,
al sufrimiento,
a la injusticia...
utilizando la única arma que tenemos :
El amor que Dios, si instaló en la humanidad.
Cuando la lucha y la unción fue grande.
Cuando de repente me di cuenta de que Juan Carlos
“el más despreocupado” de los hermanos,
a quien siempre esperaba para conversar
ambos de cosas divertidas y frivolidades,
a quien siempre se le escuchaba enseñando
como patear la pelota y darle el efecto deseado.
Pues, el personaje más alegre de todos,
estaba cubriéndose la cara con ambas manos,
estallando en llanto por el calvario
que llevaba por dentro,
que descubrió Paola,
que no lo sabía el pastor,
que yo no lo sabía,
que nadie en la iglesia lo sabía,
y por el cual todos entramos en batalla:
por su hijo autista.
Cuando el sábado siguiente, llegó Juan Carlos
y ya no era el mismo.
No paraba de alabar a Dios.
Al final del culto, como siempre se hace
el llamado a las personas
que quieran ser bendecidas
que quieran ser liberadas
que quieran ser restauradas
Para que se acerquen al púlpito rodeando
al pastor y hacer entre todos
el llamamiento de Aquel Espíritu Santo.
Esta vez Juan Carlos, fue el primero en acercarse
con los brazos en alto, alabando a Dios,
que por momentos las bajaba
para cubrir sus ojos,
mientras que Juancito,
jugaba muy tranquilo por los pasillos
con otros niños, ahora si aceptando las caricias
en su cabeza.
Ahora si acercandose,
cuando se le abría los brazos,
de los que batallaron por el,
para un abrazo de Victoria.
Ahora si sonriendo.
Un acontecimiento muy natural
en la Iglesia. Amen.
Dios existe y es bueno.
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