En el levísimo tránsito
desde el sueño del muerciélago
hasta el corazón de la rosa
habitan todos los signos.
Una pestaña caída
como un mínimo garfio negro
permite colgar de él
todo tu ojo polícromo
universo de tus sueños.
Caen las hojas otoñales
trazando en su breve vuelo
admirables consonancias
de signos mudos o versos.
En el efímero idioma
de las espumas del mar
cantan sirenas etíopes
las que a Ulises provocaban
ser rebelde prisionero.
Lámparas desmenuzadas
en sus lágrimas de vidrio
arrastran el desconsuelo
de los signos luminosos
por cortinas de terciopelo.
Sobre tu concupiscente dorso
ofrecido a mis caricias
yo trazo, torpe escribano
signos de raíces cúbicas
geometrías del deseo.
Mas es en la indeclinable
agonía del astrolabio
donde el signo se hace sangre
y pulso vivificante
antes del definitivo adiós.
En madrugadas de albúmina
cuando los colores vivos
mueren en desvaídas irisaciones
los signos concitan la revolución.
Muere el signo y queda el hueco
como un fanal que se apaga en la distancia
como todo ídolo antiguo
que merezca ser adorado.
Morirá el signo
pero perdurará su aroma
por los signos de los signos
amén
desde el sueño del muerciélago
hasta el corazón de la rosa
habitan todos los signos.
Una pestaña caída
como un mínimo garfio negro
permite colgar de él
todo tu ojo polícromo
universo de tus sueños.
Caen las hojas otoñales
trazando en su breve vuelo
admirables consonancias
de signos mudos o versos.
En el efímero idioma
de las espumas del mar
cantan sirenas etíopes
las que a Ulises provocaban
ser rebelde prisionero.
Lámparas desmenuzadas
en sus lágrimas de vidrio
arrastran el desconsuelo
de los signos luminosos
por cortinas de terciopelo.
Sobre tu concupiscente dorso
ofrecido a mis caricias
yo trazo, torpe escribano
signos de raíces cúbicas
geometrías del deseo.
Mas es en la indeclinable
agonía del astrolabio
donde el signo se hace sangre
y pulso vivificante
antes del definitivo adiós.
En madrugadas de albúmina
cuando los colores vivos
mueren en desvaídas irisaciones
los signos concitan la revolución.
Muere el signo y queda el hueco
como un fanal que se apaga en la distancia
como todo ídolo antiguo
que merezca ser adorado.
Morirá el signo
pero perdurará su aroma
por los signos de los signos
amén
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