Lacrimoso
Poeta recién llegado
TERCA TERQUEDAD
Risas de ensueño
surgen del cielo vaporoso negro
que hay en mi invierno,
las vidas se tornan disparejas
entorno a mi soledad.
Quisiera surgir y huir
en un simple suspirar,
poder cantar y ya no llorar.
Crezco y muero,
el tiempo se aferra a mi cuerpo,
causa heridas
y sangro sin receso.
Coágulos de sangre
hay en mis pupilas,
roja es mi vista,
roja es mi cuerpo y vida.
Carcajadas quiméricas
que se arrastran
en mi sombra blanca,
en su silueta
se halla el enigma
de mi resucitar.
Amo su despertar,
amo su soñar
cuando se esconde
en mi triste realidad.
La culpa la tengo yo
por ser tan soñador,
en ficcionista sin parar,
adicto de mi simple
imaginación y creatividad.
Creo mi propio dolor,
mi propio amor,
mi propia felicidad,
baldía sensación de pensar
ronda por mi cabeza
con mucha terquedad.
Terca cabeza,
terca terquedad,
pensar, soñar,
imaginar, ilusionar,
todo unido parece
una cruel pesadilla amada.
Imaginación de un realista
crudo, pálido y sarcástico,
mi cuerpo rojo,
mi sombra amada blanca
y mi cielo vaporoso negro.
Todo lo que tengo,
estas palabras
que describen mi vivir,
del transcurrir del tiempo
que se aferra a mi alma y cuerpo.
Muchas veces
ya ni quisiera pensar,
postrarme en la cruda cama
de un insensible hospital,
estar arrimado
como un vegetal.
Aún así tengo
tantos deseos,
proyectos, sueños e ilusiones
y doy gracias a todo eso.
He empezado
amar mi vida,
amar mi amor,
amo mi dolor,
amo mi felicidad
que algún día se aproximará.
El dolor me ha preparado
para cualquier otro que venga,
surjo cada vez que caigo
y a gastas me aferro al tiempo,
tal como él se aferra a mí.
Lacrimoso.
Risas de ensueño
surgen del cielo vaporoso negro
que hay en mi invierno,
las vidas se tornan disparejas
entorno a mi soledad.
Quisiera surgir y huir
en un simple suspirar,
poder cantar y ya no llorar.
Crezco y muero,
el tiempo se aferra a mi cuerpo,
causa heridas
y sangro sin receso.
Coágulos de sangre
hay en mis pupilas,
roja es mi vista,
roja es mi cuerpo y vida.
Carcajadas quiméricas
que se arrastran
en mi sombra blanca,
en su silueta
se halla el enigma
de mi resucitar.
Amo su despertar,
amo su soñar
cuando se esconde
en mi triste realidad.
La culpa la tengo yo
por ser tan soñador,
en ficcionista sin parar,
adicto de mi simple
imaginación y creatividad.
Creo mi propio dolor,
mi propio amor,
mi propia felicidad,
baldía sensación de pensar
ronda por mi cabeza
con mucha terquedad.
Terca cabeza,
terca terquedad,
pensar, soñar,
imaginar, ilusionar,
todo unido parece
una cruel pesadilla amada.
Imaginación de un realista
crudo, pálido y sarcástico,
mi cuerpo rojo,
mi sombra amada blanca
y mi cielo vaporoso negro.
Todo lo que tengo,
estas palabras
que describen mi vivir,
del transcurrir del tiempo
que se aferra a mi alma y cuerpo.
Muchas veces
ya ni quisiera pensar,
postrarme en la cruda cama
de un insensible hospital,
estar arrimado
como un vegetal.
Aún así tengo
tantos deseos,
proyectos, sueños e ilusiones
y doy gracias a todo eso.
He empezado
amar mi vida,
amar mi amor,
amo mi dolor,
amo mi felicidad
que algún día se aproximará.
El dolor me ha preparado
para cualquier otro que venga,
surjo cada vez que caigo
y a gastas me aferro al tiempo,
tal como él se aferra a mí.
Lacrimoso.