Teresa
Sé que me ves, cuando me oculto de tus pretextos
porque nos los creo, sabes, ni calman mis dudas,
es que puedes ser tan turulata,
llenándome de fríos, como canas en pluma de gallo.
Te veo llegar y en mi huir permanezco sentado
como si fuera la semilla de un palto,
alto y grueso como el tallo en tu cuerpo.
Suelo mirarte, y tu sonreírme, algo coqueta
dejando que ocurra inevitablemente la tarde
en la que solemos juntarnos para darnos arrullos,
con ojos de tórtola.
Pero qué importa,
no suelo creer más de lo que veo
no suelo soltarme y desprenderme las trenzas
que se han hecho nuestros cabellos
sin que pudiéramos rendirles,
negándoles quizá en una milésima un retoque.
Ahora cuando te vea en mi sala,
llegando de una noche de cargas,
no podre negarte mis ganas
ni mucho menos dormir en mi lecho.
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