Llegan los seis de abriles,
y mi voz que se escapa
premuriendo,
hormiguea en las letras
un mensaje de zurdos,
de desiertos,
de ramitos y lluvia,
de preguntas y lechos,
de no saber ni cuándo,
ni porqué,
ni el momento.
He llegado a la meta,
ignoro si el primero;
maratoniano ciego,
corredor de su tiempo,
amontonado grupo
de células y espectros
que llegan ni siquiera
a componer un cuerpo,
una mano cansada,
una caricia,
un sueño;
nebulosa encontrada,
perdedor por derecho.
Y recogiendo dudas
me enamoro,
y ya no sé si vengo
o soy camino,
engañado pisar
o beso roto,
mapa de carreteras
de otro mundo
o el pesado cargar
de mi destino.
Ya sé que soy debajo,
el secreto de nunca,
un espejismo.
Llegan los seis de abriles,
abrigados sin ella,
siempre fríos.
y mi voz que se escapa
premuriendo,
hormiguea en las letras
un mensaje de zurdos,
de desiertos,
de ramitos y lluvia,
de preguntas y lechos,
de no saber ni cuándo,
ni porqué,
ni el momento.
He llegado a la meta,
ignoro si el primero;
maratoniano ciego,
corredor de su tiempo,
amontonado grupo
de células y espectros
que llegan ni siquiera
a componer un cuerpo,
una mano cansada,
una caricia,
un sueño;
nebulosa encontrada,
perdedor por derecho.
Y recogiendo dudas
me enamoro,
y ya no sé si vengo
o soy camino,
engañado pisar
o beso roto,
mapa de carreteras
de otro mundo
o el pesado cargar
de mi destino.
Ya sé que soy debajo,
el secreto de nunca,
un espejismo.
Llegan los seis de abriles,
abrigados sin ella,
siempre fríos.