Kabuki
Poeta recién llegado
Terremoto
Estoy tranquilo. Pienso sobre
las dudas del matrimonio y ella
en un sexo oral salvaje.
Estamos en la cama. Creo,
Igual que el vecino. Su esposa
se esta bañando. El baño. Habrá
el 30% de 100. Con el diario,
el teléfono, las latas de aerosol.
Todos tranquilos, igual que
los faroles y los arboles.
Las lunas zumban, una obra de
desagüe levitando hacia el 2do piso,
el Dios mío más ensordecedor
de una señora de 40 años.
Los adornos que se caen,
sus restos que tiemblan como
en un azadón,
el techo que se raja, las piernas
que no responden.
Los amigos enloquecidos
que juraron siempre cuidarse
se pisan los dedos en las escaleras.
Un muerto, dos, Pepito, Carmen,
eso aún no recorre por las sienes.
El embotellamiento de los carros,
la bocina. El claxon.
Un empresario babea y se le caen
las llaves.
Un grupo de descalzos rezan
a la estatua de la Virgen María.
Los murales caen como dóminos
en un suelo de carne
que en un futuro será llorado.
La alarma. Sonidos de sirena.
Un estallido. Varias bengalas. La tormenta
sin rayos, sin luz, sino salida del
culo de la corteza, apuntando
a un bar, un café, un cinema,
donde los que acudían
con el fin de alegrarse la vida,
acaban con ellos, fierros retorcidos,
masa plomiza, asfixia de polvo
y el estar enterrado ante la mole de cal.
Desesperación. Ayuda, que
terrible será que no te escuchen, peor
ver que liberen al de tan solo 3m.
y no a ti. Pierdes las piernas, que da,
quiero vivir para volver a comerme
un plato de frejoles junto a mi viejita.
Silencio, Parece tranquilidad.
No lo es. Es como el tiro de gracia
que le propina el celoso a su ex mujer.
No ves, no veo. Me aferro
al teléfono. Tu tu tu. Me hinca un
sinfín de lanzas en la médula,
cascadas de hielo seco en el omóplato.
Un abrazo de un desconocido,
que me dice tranquilo, tranquilo.
Un NN que bien podría llamarse Javier,
Rodolfo o Miguel. No importa.
No hay tiempo.
Clarea, los píos de los pájaros
no tienen oídos de cera. Oscurece,
en un pestañeo, pero igual
se pueden ver saqueos, almacenes
hechos piras, patadas por una caja,
un televisor que no exige dientes.
Hay una zona peor, siempre
hay una peor. No existe tragedia total
ni felicidad completa.
El asfalto con líneas,
profundas como las venas
de la Historia. Marcamos, un 7 u 8
en el Richter.
Los medios hablan sobre
un Tsunami. Un maremoto, una marejada.
Cien mil Moby Dick adictos a la matanza.
Hachas de aguas saladas
contra chozas de cemento moderno.
¿Estafa de parte de la naturaleza
o de la mobiliaria?
El aeropuerto se cierra. Me quiero
largar, me quiero ir. Nunca
supo tan bien el sustantivo Patria.
Uuuuuu. Uuuuuu. Uuuuuu.
Disparos al aire, tanques, furgonetas
con víveres y campas de medicamentos,
la avenida zombies
y las calles con tumultos de basura.
Muchos duermen en las aceras.
No hay luz. Una bebe llora por leche,
otros ñaños por el pañal.
¿Cómo estará el hospital?
¿Cómo se habrán caído tal castillo
de naipes las casonas? Hermanos,
hermanas, la desesperación
nos hace compañeros
cuando a uno le sobra y puede
dar. ¿Pero si no tengo?
Yo le besaba las lágrimas,
le secaba los mocos con el polo,
ella con su pelo de tiza
preguntaba por sus hijos.
Están bien, no les ha pasado nada.
En el patio de la escuela, en el parque,
en donde uno dice tengo suerte
de estar vestido y bien alimentado.
La ayuda internacional viene,
los fusiles se sobrecargan, se habla
de economía a pupiletras,
los números son solo para
los damnificados.
1, 000 100 000 1, 000 000,
almas que fallecieron de
un solo juicio, draconiano
y apocalíptico. No hay código penal
para la fauna, la flora no sabe
de ética.
El espíritu humano es tan volátil.
Tu casa arde en llamas,
¿Hay alguien adentro? No bien.
¿Hay alguien adentro? Sí. Voy a
entrar. ¿No me acompañas?
Suenan tacos traqueteando por
un sendero, una cubeta de arce
dentro de un pozo de piedras.
Agua. Sed de perro,
no hay kilómetros de lenguas
para las hectáreas de estemas.
Algunos han optado
por quedarse sentados y secarse
como una hoja en el fuego
de la chimenea.
Un respiro, otro. Inhala, exhala.
Paz de estar tendido
en un carrusel de celajes
y bombones de gas, ahí arriba,
en el cielo de un crudo mediodía.
Bajo la mirada. Una prisión
sin barrotes, la paranoia.
Como si fuéramos ciegos
tanteamos entre las huellas del zapato
y los vestigios de un olor.
Comida. Una radio prendida,
una canción de los 80, y más muertos.
¿Estaré yo inscrito en ese
obituario ambulante?
He descubierto que mi vida
no es ego, no es ente.
Si ella ; si él ; Si ellos
No, no me quiero
imaginar La tragedia
saca a flote los corazones.
No estamos solos,
nunca lo estamos.
Un abrazo siempre viene acompañado
con un pan bajo el saco.
Toma, eres más que un santo.
Quita, eres el diablo.
Tiembla otra vez la Tierra,
sus replicas, los edificios caen
y el acto se repite
pero no la escena. Es diferente,
menos sollozos y más voluntad.
Tomas la primera piedra,
volvamos a construir la ciudad,
pues el día nunca marchará
para atrás.
Tus brazos son mis piernas,
tus piernas son mis brazos.
Lloraré en otra época,
Hoy, ayudaré.
Estoy tranquilo. Pienso sobre
las dudas del matrimonio y ella
en un sexo oral salvaje.
Estamos en la cama. Creo,
Igual que el vecino. Su esposa
se esta bañando. El baño. Habrá
el 30% de 100. Con el diario,
el teléfono, las latas de aerosol.
Todos tranquilos, igual que
los faroles y los arboles.
Las lunas zumban, una obra de
desagüe levitando hacia el 2do piso,
el Dios mío más ensordecedor
de una señora de 40 años.
Los adornos que se caen,
sus restos que tiemblan como
en un azadón,
el techo que se raja, las piernas
que no responden.
Los amigos enloquecidos
que juraron siempre cuidarse
se pisan los dedos en las escaleras.
Un muerto, dos, Pepito, Carmen,
eso aún no recorre por las sienes.
El embotellamiento de los carros,
la bocina. El claxon.
Un empresario babea y se le caen
las llaves.
Un grupo de descalzos rezan
a la estatua de la Virgen María.
Los murales caen como dóminos
en un suelo de carne
que en un futuro será llorado.
La alarma. Sonidos de sirena.
Un estallido. Varias bengalas. La tormenta
sin rayos, sin luz, sino salida del
culo de la corteza, apuntando
a un bar, un café, un cinema,
donde los que acudían
con el fin de alegrarse la vida,
acaban con ellos, fierros retorcidos,
masa plomiza, asfixia de polvo
y el estar enterrado ante la mole de cal.
Desesperación. Ayuda, que
terrible será que no te escuchen, peor
ver que liberen al de tan solo 3m.
y no a ti. Pierdes las piernas, que da,
quiero vivir para volver a comerme
un plato de frejoles junto a mi viejita.
Silencio, Parece tranquilidad.
No lo es. Es como el tiro de gracia
que le propina el celoso a su ex mujer.
No ves, no veo. Me aferro
al teléfono. Tu tu tu. Me hinca un
sinfín de lanzas en la médula,
cascadas de hielo seco en el omóplato.
Un abrazo de un desconocido,
que me dice tranquilo, tranquilo.
Un NN que bien podría llamarse Javier,
Rodolfo o Miguel. No importa.
No hay tiempo.
Clarea, los píos de los pájaros
no tienen oídos de cera. Oscurece,
en un pestañeo, pero igual
se pueden ver saqueos, almacenes
hechos piras, patadas por una caja,
un televisor que no exige dientes.
Hay una zona peor, siempre
hay una peor. No existe tragedia total
ni felicidad completa.
El asfalto con líneas,
profundas como las venas
de la Historia. Marcamos, un 7 u 8
en el Richter.
Los medios hablan sobre
un Tsunami. Un maremoto, una marejada.
Cien mil Moby Dick adictos a la matanza.
Hachas de aguas saladas
contra chozas de cemento moderno.
¿Estafa de parte de la naturaleza
o de la mobiliaria?
El aeropuerto se cierra. Me quiero
largar, me quiero ir. Nunca
supo tan bien el sustantivo Patria.
Uuuuuu. Uuuuuu. Uuuuuu.
Disparos al aire, tanques, furgonetas
con víveres y campas de medicamentos,
la avenida zombies
y las calles con tumultos de basura.
Muchos duermen en las aceras.
No hay luz. Una bebe llora por leche,
otros ñaños por el pañal.
¿Cómo estará el hospital?
¿Cómo se habrán caído tal castillo
de naipes las casonas? Hermanos,
hermanas, la desesperación
nos hace compañeros
cuando a uno le sobra y puede
dar. ¿Pero si no tengo?
Yo le besaba las lágrimas,
le secaba los mocos con el polo,
ella con su pelo de tiza
preguntaba por sus hijos.
Están bien, no les ha pasado nada.
En el patio de la escuela, en el parque,
en donde uno dice tengo suerte
de estar vestido y bien alimentado.
La ayuda internacional viene,
los fusiles se sobrecargan, se habla
de economía a pupiletras,
los números son solo para
los damnificados.
1, 000 100 000 1, 000 000,
almas que fallecieron de
un solo juicio, draconiano
y apocalíptico. No hay código penal
para la fauna, la flora no sabe
de ética.
El espíritu humano es tan volátil.
Tu casa arde en llamas,
¿Hay alguien adentro? No bien.
¿Hay alguien adentro? Sí. Voy a
entrar. ¿No me acompañas?
Suenan tacos traqueteando por
un sendero, una cubeta de arce
dentro de un pozo de piedras.
Agua. Sed de perro,
no hay kilómetros de lenguas
para las hectáreas de estemas.
Algunos han optado
por quedarse sentados y secarse
como una hoja en el fuego
de la chimenea.
Un respiro, otro. Inhala, exhala.
Paz de estar tendido
en un carrusel de celajes
y bombones de gas, ahí arriba,
en el cielo de un crudo mediodía.
Bajo la mirada. Una prisión
sin barrotes, la paranoia.
Como si fuéramos ciegos
tanteamos entre las huellas del zapato
y los vestigios de un olor.
Comida. Una radio prendida,
una canción de los 80, y más muertos.
¿Estaré yo inscrito en ese
obituario ambulante?
He descubierto que mi vida
no es ego, no es ente.
Si ella ; si él ; Si ellos
No, no me quiero
imaginar La tragedia
saca a flote los corazones.
No estamos solos,
nunca lo estamos.
Un abrazo siempre viene acompañado
con un pan bajo el saco.
Toma, eres más que un santo.
Quita, eres el diablo.
Tiembla otra vez la Tierra,
sus replicas, los edificios caen
y el acto se repite
pero no la escena. Es diferente,
menos sollozos y más voluntad.
Tomas la primera piedra,
volvamos a construir la ciudad,
pues el día nunca marchará
para atrás.
Tus brazos son mis piernas,
tus piernas son mis brazos.
Lloraré en otra época,
Hoy, ayudaré.