Debías haber dejado sobre mi hombro
alguna hebra de tu rizado pelo
en aquella histórica cotona gris.
Apenas se desliza en mis venas
el calorcito dulce que pusiste en ellas
entre olor a rio
a maíz
a sol y a viento.
Que un día no muy lejano
se llevó de entre los dedos grandes
tejidos entre nosotros y el tiempo
toda esencia de tu ser divino.
Todavía guardo unas letras tuyas
en un papel manchado y roto
y algo tuyo que no tendrás de nuevo
como el tesoro y adorno;
faro que junto a la cotona,
faro que junto a la cotona,
forma el único vestigio
de nuestro amor de invierno.
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