Testamento (incluye video-poema)

Bender Carvajal

Poeta recién llegado
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Si tuviera que deshacerme de todo
ahora que tú te marchas
y yo me muero, pues bien
llévate este par de ojos dilatados y secos,
te toca la parte hojalata
de una vida hecha pedazos
por el desgaje de las ausencias,
pero no te daré mujer los caminos
agigantados en lontananza
ni el rubor diáfano de los atardeceres
que emborracharon estas pupilas
ciegas y enamoradas,
me quedo con el escrúpulo de la marea
que se desviste en olas
y se reinventa espuma,
me llevo las nubes apareándose
mientras echada tu piel junto a la mía
jugueteaban celestinas y melancólicas,
me reservo inclusive las auroras,
la ópera glacial de los pétalos escarchados,
las raíces desnudas, los troncos tuertos,
el color inapropiado de los pastizales
donde hibernamos el aliento,
el patinaje del viento, la afilada brisa,
los arcoíris, y el desenlace del sol chapoteando
como un ciervo por los campos de tu mirada
que aún vive…

Quédate además con esta boca subversiva
doblemente apretada como siempre quisiste,
pero los besos se van conmigo bajo tierra,
el sabor embriagador
de la carne anestesiada, el pavimento de las fresas,
la oquedad del silencio que confirmó la huida,
la filtración entumecida que rasuró tu tierra,
me guardo dondequiera que vaya
el haberte degustado con esta lengua de jinete
y parabrisas, el haberte quitado la sal
y mordido la ternura, el no tener reparos
con este paladar de inundaciones
ni haberte dejado los pechos
entre remansos y aderezo turbio…

La digitalidad es tuya, mis dedos,
mis palmas cicatrizadas con insolencia,
e incluso el toque lúgubre de los recuerdos
que te acoplas con deterioro,
pero los tactos armoniosos y delirantes,
las incursiones húmedas, el frenesí de yemas
apasionadas como la muerte,
y las diminutas huellas de tu sexo frenético
por este roce profanador,
esos se van conmigo
hacia los subterráneos del olvido,
a donde la palidez de la carne
se deshaga pueril y en armonía implore;
te robo la distante conjugación
de tu pelo atravesado por el cariño,
te robo células y poros como un ganado
rendido en pastizal de manos,
el sudor resbaladizo de pez anestesiado,
el dulzor tibio, la fragilidad
descotada con barbárico estruendo
y sometida como el incienso,
ese tacto de la vida contra la vida
no se lo lleva ni el olvido
ni tu memoria ingrata…

Llévate las sedientas y escuálidas sienes
que a maltraer contuvieron
el desastroso paso de las horas sin razón,
pero esta locura de amarte con locura
yo me la heredo bienaventurada
por este cobertizo de tierras y napas;
quédate la honestidad inoperante
frente a una verdad superior de soledades allanadas,
quédate la piel entre las uñas,
quédate la cicatriz de mi beso entre los dientes,
quédate las hojas transparentes,
los versos discapacitados, las tardes atiborradas
de aluviones genitales, la fundición de orgasmos,
los aromas tutelares, el adictivo empapamiento
de los sabores y las escaramuzas;
son tuyos mis ejercicios de enamorarte,
mis argumentos contra la espera,
la celosía de tus ojos inventariados,
la amplitud de una cama con distancias innecesarias,
pero tu mandamiento de caderas
que montaron y grabaron este cuerpo
tatuado de indolencias, eso
yo me lo llevo
mientras tú te vas y yo me quedo
desintegrado y moribundo
de las mínimas hortalizas
donde se fueron a pudrir
este brote de corazones marchitados
que acabaron presos y sin herederos.
 
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