BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
A través de regiones heladas
cariacontecidas buscadoras
de savias concretas o salivas
insaciables, con peculiaridades
extremas, con sazones invencibles,
con razones insatisfechas o lascivias
inveteradas, a través de hombrías
disueltas, de taxidermias inflexibles,
de radiografías asumidas, y de cuerpos
voluminosos insensiblemente lentos.
A través de opúsculos veraces, de tristes
anatomías imposibles, de jardines ocultados
en la medianía de una criatura obnubilada.
A través de lluvias insensatas, de cabelleras
cartografiadas, de rutilantes formas inacabables,
de rasguños operados sobre superficies invulnerables.
Como cuerpos lacios que almacenan
una sangre derribada, como tráqueas interminables
que lanzan a la noche y sus reductos, las fosas
de sus animales; como cohetes derruidos
que forman la palabra suave al caminar.
A través de esa rabia incongruente, lujuria
de años fosilizados sobre el césped terminante,
con grandes gesticulaciones de nigromantes,
de terciarios movimientos que oscurecen los sótanos
inmemoriales. Con recetas impasibles
que guardan los músculos como un pómulo cuando
se comprime en una carta de recomendación:
como sobres, sí, y paquetes instalados en los desvanes
enmohecidos. Como reyes impertinentes,
augurando siempre la nociva presunción,
la estrella incesante de labios comunicados,
con melancólica mirada en los derribes del viento,
y sombrías manifestaciones de farallones similares.
Con la grupa esencial de los caballos decapitados,
con la forma extensa de un cuerpo amarillento,
con la rosa erguida de un cristal acariciado, sutilmente
dimanado de su preciosa jaula. Con cansancio
y límites, y frondas de hortalizas compuestas
de abonos inestimables, con la corpórea caliza
de los ámbitos derrocados. Con la inaccesible
fragancia de los herbazales macilentos, con la cólera
indisoluble de los difusos horizontes tan rocosos,
y los indestructibles amuletos de los macizos desiertos.
Así, justo en los límites, en la periferia abarcada,
con sentencia determinada, con indisciplinada jauría,
voy, pasando, noches y lluvia y aguas transparentes,
subterráneas en lo furtivo-.
©
cariacontecidas buscadoras
de savias concretas o salivas
insaciables, con peculiaridades
extremas, con sazones invencibles,
con razones insatisfechas o lascivias
inveteradas, a través de hombrías
disueltas, de taxidermias inflexibles,
de radiografías asumidas, y de cuerpos
voluminosos insensiblemente lentos.
A través de opúsculos veraces, de tristes
anatomías imposibles, de jardines ocultados
en la medianía de una criatura obnubilada.
A través de lluvias insensatas, de cabelleras
cartografiadas, de rutilantes formas inacabables,
de rasguños operados sobre superficies invulnerables.
Como cuerpos lacios que almacenan
una sangre derribada, como tráqueas interminables
que lanzan a la noche y sus reductos, las fosas
de sus animales; como cohetes derruidos
que forman la palabra suave al caminar.
A través de esa rabia incongruente, lujuria
de años fosilizados sobre el césped terminante,
con grandes gesticulaciones de nigromantes,
de terciarios movimientos que oscurecen los sótanos
inmemoriales. Con recetas impasibles
que guardan los músculos como un pómulo cuando
se comprime en una carta de recomendación:
como sobres, sí, y paquetes instalados en los desvanes
enmohecidos. Como reyes impertinentes,
augurando siempre la nociva presunción,
la estrella incesante de labios comunicados,
con melancólica mirada en los derribes del viento,
y sombrías manifestaciones de farallones similares.
Con la grupa esencial de los caballos decapitados,
con la forma extensa de un cuerpo amarillento,
con la rosa erguida de un cristal acariciado, sutilmente
dimanado de su preciosa jaula. Con cansancio
y límites, y frondas de hortalizas compuestas
de abonos inestimables, con la corpórea caliza
de los ámbitos derrocados. Con la inaccesible
fragancia de los herbazales macilentos, con la cólera
indisoluble de los difusos horizontes tan rocosos,
y los indestructibles amuletos de los macizos desiertos.
Así, justo en los límites, en la periferia abarcada,
con sentencia determinada, con indisciplinada jauría,
voy, pasando, noches y lluvia y aguas transparentes,
subterráneas en lo furtivo-.
©