Se precipita una lágrima amarga como el ajenjo en mi boca,
recordando solo tus ojos oscuros, y brillantes como el nácar, prístinos y sinceros como la lluvia,
adecuados como la razón, frio como la niebla me digo no llores niño, no llores hombre, que se ha ido, solo para volver de otra forma.
Y no hay consuelo, solo una agonía artera, demorosa, fulminante,
me digo no significa nada el segundo de confusión de una mujer de mil voces,
no recuerdes el cobijo de su sueño porque no volverá,
no sufras por su lejanía, si el pedestal de el amor se desmorona, no busques razones a lo evidente.
Es tanto el sentimiento, que resuena como ecos de locura, la música de un perpetuo retorno no es mas que musitados coros de esperanza, esperar que regrese, como no hacerlo si las entrañas se caldean de una confortable sensación de tranquilidad y victoria, solo con pensar en la posibilidad, si tan solo con imaginarla pasando por el umbral de la puerta, el iluso deja de mirar al suelo. Como una mujer, habría de sanar el espíritu herido de un hombre extraviado en nada, si es así, como preguntarlo.
El único valor que le queda es saber que no va a existir nadie que la ame como el, quizás hayan quienes le den mas loas, quizás hayan quienes la protejan de mejor forma, quizás le entreguen el taj-mahal como dadiva de aniversario, pero nadie la amara como lo hace el, sin duda, nadie la esperara como hoy lo hace ese hombre.
Como no conservar sus lágrimas, si son cristales devorando su pasado, comiendose la mierda que la invade, como no sentir aun sus manos recorriendo un cuerpo fatigado de lujuria por ella, si con un beso la razón de la gloria tiende a ser mas real que la vida misma, como decir amor, cuando ya ha perdido el valor máximo de la expresión, se ha vuelto vulnerable, y hasta despectivo, el amor no basta, como ayudarla, como no necesitar tocarla con el velo indeleble y liviano de un aquí estoy, como dejarla ir sin pelear, como podría esconderme.
recordando solo tus ojos oscuros, y brillantes como el nácar, prístinos y sinceros como la lluvia,
adecuados como la razón, frio como la niebla me digo no llores niño, no llores hombre, que se ha ido, solo para volver de otra forma.
Y no hay consuelo, solo una agonía artera, demorosa, fulminante,
me digo no significa nada el segundo de confusión de una mujer de mil voces,
no recuerdes el cobijo de su sueño porque no volverá,
no sufras por su lejanía, si el pedestal de el amor se desmorona, no busques razones a lo evidente.
Es tanto el sentimiento, que resuena como ecos de locura, la música de un perpetuo retorno no es mas que musitados coros de esperanza, esperar que regrese, como no hacerlo si las entrañas se caldean de una confortable sensación de tranquilidad y victoria, solo con pensar en la posibilidad, si tan solo con imaginarla pasando por el umbral de la puerta, el iluso deja de mirar al suelo. Como una mujer, habría de sanar el espíritu herido de un hombre extraviado en nada, si es así, como preguntarlo.
El único valor que le queda es saber que no va a existir nadie que la ame como el, quizás hayan quienes le den mas loas, quizás hayan quienes la protejan de mejor forma, quizás le entreguen el taj-mahal como dadiva de aniversario, pero nadie la amara como lo hace el, sin duda, nadie la esperara como hoy lo hace ese hombre.
Como no conservar sus lágrimas, si son cristales devorando su pasado, comiendose la mierda que la invade, como no sentir aun sus manos recorriendo un cuerpo fatigado de lujuria por ella, si con un beso la razón de la gloria tiende a ser mas real que la vida misma, como decir amor, cuando ya ha perdido el valor máximo de la expresión, se ha vuelto vulnerable, y hasta despectivo, el amor no basta, como ayudarla, como no necesitar tocarla con el velo indeleble y liviano de un aquí estoy, como dejarla ir sin pelear, como podría esconderme.
::; lo que leo, como bitácora de un buen "amor perro" es excelente.