ivoralgor
Poeta fiel al portal
Hoy me siento tibia dijo Isabel al recostarse en la cama. No esperaba que la nostalgia le invadiera el alma. Se arropó y dejó salir un trémulo suspiro, casi un llanto. Dejó encendida la luz del baño. Tenía un sensación de miedo que le crispaba la piel y la hacía tiritar. No puedo con tanto murmuraba en sus adentros con la esperanza de encontrar alguna respuesta. La lluvia de septiembre era pertinaz. El cielo llora conmigo necesitaba creer para conciliar el sueño.
Enumeraba los pasos que dio al salir del motel Las Fincas. Federico no llegó a la cita. En un arranque de tristeza se lió a besos con un desconocido. Se sentía absurda bebiendo de los labios de ese tipejo con brazos fornidos. Después de un rato de besos y caricias en la discoteca, se fueron al motel. Los gemidos se desbarataban en llanto, en pesadumbre. ¿Te duele? le preguntaba el desconocido con un atisbo de valemadrismo. Isabel fingía disfrutarlo y gemía un poco más.
La hora de placer insípido se consumió en palabras obscenas, un poco de sudor, gemidos hechos llantos y un marlboro rojo. El tipejo quedó exhausto y se durmió. Isabel se vistió cansinamente. Salió del cuarto de motel y empezó a caminar sin rumbo fijo. La lluvia era fina. En su mente se desdibujan el rostro de Federico. ¡Maldito bastardo! gritaba en sus adentros, no tenía fuerzas para siquiera suspirar su enojo. Las luces de los autos la incomodaban. Pensó por unos instantes arrojarse en la carretera y ser arrollada. No vale la pena ese hijo de puta reparó en su intento de arrogarse.
Mientras más se adentraba a la ciudad, más solitarias estaban las calles. Las luces mortecinas le daba un halo siniestro. Llegó a su departamento. De su cartera de mano sacó las llaves. ¡Chinga tu madre! ¡Púdrete en el infierno! gritó al fin. Dejó salir el llanto acumulado. En el umbral de la habitación se desnudó. Sangran mis heridas pensó mientras se veía en el espejo. Se lavó el rostro. Al salir del baño dejó abierta la puerta.
Mañana lo mataré, hoy me siento tibia pensó antes de sucumbir a los efectos del valium que ingirió en el baño.
[video=youtube;qyTHJ40pasM]http://www.youtube.com/watch?v=qyTHJ40pasM[/video]
Enumeraba los pasos que dio al salir del motel Las Fincas. Federico no llegó a la cita. En un arranque de tristeza se lió a besos con un desconocido. Se sentía absurda bebiendo de los labios de ese tipejo con brazos fornidos. Después de un rato de besos y caricias en la discoteca, se fueron al motel. Los gemidos se desbarataban en llanto, en pesadumbre. ¿Te duele? le preguntaba el desconocido con un atisbo de valemadrismo. Isabel fingía disfrutarlo y gemía un poco más.
La hora de placer insípido se consumió en palabras obscenas, un poco de sudor, gemidos hechos llantos y un marlboro rojo. El tipejo quedó exhausto y se durmió. Isabel se vistió cansinamente. Salió del cuarto de motel y empezó a caminar sin rumbo fijo. La lluvia era fina. En su mente se desdibujan el rostro de Federico. ¡Maldito bastardo! gritaba en sus adentros, no tenía fuerzas para siquiera suspirar su enojo. Las luces de los autos la incomodaban. Pensó por unos instantes arrojarse en la carretera y ser arrollada. No vale la pena ese hijo de puta reparó en su intento de arrogarse.
Mientras más se adentraba a la ciudad, más solitarias estaban las calles. Las luces mortecinas le daba un halo siniestro. Llegó a su departamento. De su cartera de mano sacó las llaves. ¡Chinga tu madre! ¡Púdrete en el infierno! gritó al fin. Dejó salir el llanto acumulado. En el umbral de la habitación se desnudó. Sangran mis heridas pensó mientras se veía en el espejo. Se lavó el rostro. Al salir del baño dejó abierta la puerta.
Mañana lo mataré, hoy me siento tibia pensó antes de sucumbir a los efectos del valium que ingirió en el baño.
[video=youtube;qyTHJ40pasM]http://www.youtube.com/watch?v=qyTHJ40pasM[/video]