Ictiandro
Poeta adicto al portal
Cuando en virtual beso
tus labios mi alma tocaron
conocí del tiempo detenido
y cada estrella fue luciérnaga
en esta noche refugio
manto de tus manos risueñas.
Cuerpo de horas inexistentes,
piel común que somos
más allá del cronómetro
y universos dispares.
No hay ausencia cuando te pienso,
eres real donde tus ocurrencias respiran
y la semilla del amor germina.
Envuelta en nieve cósmica
miras la luna redonda que alucinas,
todo seguirá igual, antes o después,
eres parte del cosmos que te observa
y se alberga en mis ojos que te sueñan.
No desespera en mí el sol de tiempo finito
si atrapo siempre el calor
que tu huella en mí deja.
Abrazo verde que es hogar en cada mirada
que desborda los mares para encontrarte,
el verso que nunca será el último
cuando te sé eternamente conmigo.
No es el pliegue gris y frío de un minuto
la despedida hipotética del aliento,
si así de siglos te conozco
naciendo en mí los versos
que tu corazón reclaman.
Te vivo, te inhalo desde la madrugada
que abrí los ojos pronunciando tu nombre.
No hay olvido, adiós o manos alejadas,
sólo esta sensación de quererte presente
más allá de la lucidez y temperamentos.
Es que te quiero donde naciste riendo,
te amo donde la vida adquiere sentido
y así están mis pulmones llenos de ti
que no te desprendes de cuanto hago,
cada experiencia es vana
si no te hago partícipe de cuanto acontece.
Perdido en ti me encuentro dentro de ti
y te hallo en mis sentimientos renacidos.
Mirar al cielo, capturar una aurora
que me describa tus amaneceres,
mis pies están cansados pero no vencidos
por esperarte en el umbral del futuro.
Allí te quiero, bajo la sombra del árbol
que acercó nuestras hojas húmedas,
raíz que alimentó cada mañana
de besos distantes, mimos, palabras...
versos que bajo la almohada guardas
iluminando tus sueños con este amor correspondido.
tus labios mi alma tocaron
conocí del tiempo detenido
y cada estrella fue luciérnaga
en esta noche refugio
manto de tus manos risueñas.
Cuerpo de horas inexistentes,
piel común que somos
más allá del cronómetro
y universos dispares.
No hay ausencia cuando te pienso,
eres real donde tus ocurrencias respiran
y la semilla del amor germina.
Envuelta en nieve cósmica
miras la luna redonda que alucinas,
todo seguirá igual, antes o después,
eres parte del cosmos que te observa
y se alberga en mis ojos que te sueñan.
No desespera en mí el sol de tiempo finito
si atrapo siempre el calor
que tu huella en mí deja.
Abrazo verde que es hogar en cada mirada
que desborda los mares para encontrarte,
el verso que nunca será el último
cuando te sé eternamente conmigo.
No es el pliegue gris y frío de un minuto
la despedida hipotética del aliento,
si así de siglos te conozco
naciendo en mí los versos
que tu corazón reclaman.
Te vivo, te inhalo desde la madrugada
que abrí los ojos pronunciando tu nombre.
No hay olvido, adiós o manos alejadas,
sólo esta sensación de quererte presente
más allá de la lucidez y temperamentos.
Es que te quiero donde naciste riendo,
te amo donde la vida adquiere sentido
y así están mis pulmones llenos de ti
que no te desprendes de cuanto hago,
cada experiencia es vana
si no te hago partícipe de cuanto acontece.
Perdido en ti me encuentro dentro de ti
y te hallo en mis sentimientos renacidos.
Mirar al cielo, capturar una aurora
que me describa tus amaneceres,
mis pies están cansados pero no vencidos
por esperarte en el umbral del futuro.
Allí te quiero, bajo la sombra del árbol
que acercó nuestras hojas húmedas,
raíz que alimentó cada mañana
de besos distantes, mimos, palabras...
versos que bajo la almohada guardas
iluminando tus sueños con este amor correspondido.