Carlos Aguilera Sendagorta
Poeta recién llegado
Tiempo es aíun lo que me queda
Como muere la onda en las orillas
de aquel guijarro lanzado hacia las aguas
así muere el tiempo en mi desdicha:
un rato tras otro, de a poco a poco,
sin más queja que el silencio de mi boca
ahogándome en el borde de los barros
o absorbido en las paredes de las rocas.
Y como el hierro del yelmo que en la fragua
se forja entre horno, yunque y agua repetidos
voy quedándome atónito, metal frío;
que ya es espejo de tu rostro
y ante un golpe tras otro se me rompe;
no veo en él sino sangres y manchas sin reflejos
y abolladas formas que deforman
mi cabeza perdiendo su templanza
y las siluetas viejas de los hombres.
Como hiedra que se enraíza entre los muros
penetrando el tallo vivo y respirando
de lo más profundo de la piedra,
así yo me aferro a las paredes de mi casa
para no salir a la calle que me asfixia
prefiero morir solo en mis penumbras
que morir arrollado por la vida
que es más rauda que mis viejas reflexiones.
Como el pozo con su fondo y sus secretos
que esconden bajo el agua y a tus ojos
todo aquello que lanzamos a su negro
ignoto agujero sin retorno
tu amor, su amor, nuestros desvelos
y hasta ahora sin escuchar el bluf del fondo.
Que a lo mejor es cierto que hay postreros:
un infinito oscuro donde el tiempo
es sólo el abismo paso hacia la nada
o quizá, hasta la luz eterna de tu cielo.
Onda, hierro, yedra y pozo
Vida y muerte.
Tiempo es aún lo que me queda