Ilust.: Beato de Liébana.
TIEMPOS DE APOCALIPSIS
Tallaron los años las piedras
de aquella ciudad en ruinas.
Árboles petrificados negaron su sombra al día
caravanas de paso lento
formaron coros de ángeles
ante las puertas cerradas
Y los vientos del noroeste anunciados por los frailes
trajeron frutas silvestres
y bayas de duro cobre
que relucieron en un día ya lejano.
Yo pude dormir de pie
bajo pendones ajados
y algún ballestero loco
me encargó versos y cánticos
Mientras en avenidas tortuosas
las aguas hervían como caldos de cultivo
Tiempos de apocalipsis
las águilas que habían llegado de Patmos
se acuclillaron sumisas
extendiendo heráldicas
sus alas de imponente envergadura
¿Cómo se anuncia el término
de esta cultura alocada
de esta desapasionada marcha
hacia el final y la nada?
La vieja ciudad dormita entre canciones de guerra
Duermen las doncellas saciadas por el placer
y los guerreros salieron a la caza del gran oso
Es la paz previa al desastre
Puede que en los scriptoria
los monjes casi ciegos
pueda terminar las brillantes iluminaciones
de códices y cantorales
para alabar al poseso.
El círculo de lo eterno gira en su vacío perpetuo
doncellas y caballeros retoman su aspecto de estatua
para, erguidos, formar el pétreo cortejo,
mientras el ocaso va tejiendo con sangre
la bendición del Cordero.
Vieja ciudad medieval que revivo entre dos tragos
de licor casamentero
mientras los neones titilan cambiando del rojo al negro.
Busco, busco entre vómitos de borrachos
aquel poema que debí entregar en tu entierro.
Porque una vez,
hace tiempo,
yo también escribí versos...
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