TIERRA CALIENTE

chifi70

Poeta recién llegado
Era fuego ardiente el intenso calor
que caía sobre la Tierra castigada
y el ropaje húmedo por el seco sudor
se pegaba a nuestra piel deshidratada.

De pronto, escuché un leve murmullo
entre cantos de pájaros en la mañana,
y recóndito, descubrí al tímido arroyo
que invitaba a probar el agua diáfana.

Repentinamente, aquel enorme bullicio
al cruzar de nuestras cálidas miradas,
cayó en el abismo inmenso del silencio
dando paso libre a pasiones desatadas.

Mis labios sellaron mi prócera mudez
ante la hipnosis de penetrantes ojos
y el beso espontáneo ganado con prez
en la conquista de amarillos hinojos.

Ella sabía pintar hermosos celajes
de tenues y blancas borlas de algodón,
y llenar el suelo con suaves plumajes
que alborotan mi desquiciado corazón.

El hervor de la sangre en mis venas
despertó sueños de apagados volcanes
que liberarón mi pasión, de cadenas,
en arrasadores y violentos huracanes.

Las yemas sensitivas de mis dedos
siguieron sus carnosos labios rojos,
y tocaron la redola de sus senos
que obligaron el alzar de mis ojos.

En aquel verdor de frescas praderas
su cuerpo se arqueó de inmenso placer,
al tacto ávido de sus curvas caderas
y el arrobo de caricias en todo su ser.

El lenguaje mudo de la vestimenta
dejó escuchar el lamento del botón
y el sonoro de una cremallera atenta
que descubrió una excitante visión.

En unos instantes su cuerpo desnudo
y mi labio atrevido se unieron en uno,
los suaves susurros y un beso mudo
hicieron el cielo y gloria de alguno.

Y probé de su boca, el vino bebido
libé de su cuerpo, la miel de dulzura
aspiré de sus poros, el aroma escondido
y ví en sus ojos, un amor que perdura.


Héctor Navarro Arzate
21 de octubre de 1993
 
Era fuego ardiente el intenso calor
que caía sobre la Tierra castigada
y el ropaje húmedo por el seco sudor
se pegaba a nuestra piel deshidratada.

De pronto, escuché un leve murmullo
entre cantos de pájaros en la mañana,
y recóndito, descubrí al tímido arroyo
que invitaba a probar el agua diáfana.

Repentinamente, aquel enorme bullicio
al cruzar de nuestras cálidas miradas,
cayó en el abismo inmenso del silencio
dando paso libre a pasiones desatadas.

Mis labios sellaron mi prócera mudez
ante la hipnosis de penetrantes ojos
y el beso espontáneo ganado con prez
en la conquista de amarillos hinojos.

Ella sabía pintar hermosos celajes
de tenues y blancas borlas de algodón,
y llenar el suelo con suaves plumajes
que alborotan mi desquiciado corazón.

El hervor de la sangre en mis venas
despertó sueños de apagados volcanes
que liberarón mi pasión, de cadenas,
en arrasadores y violentos huracanes.

Las yemas sensitivas de mis dedos
siguieron sus carnosos labios rojos,
y tocaron la redola de sus senos
que obligaron el alzar de mis ojos.

En aquel verdor de frescas praderas
su cuerpo se arqueó de inmenso placer,
al tacto ávido de sus curvas caderas
y el arrobo de caricias en todo su ser.

El lenguaje mudo de la vestimenta
dejó escuchar el lamento del botón
y el sonoro de una cremallera atenta
que descubrió una excitante visión.

En unos instantes su cuerpo desnudo
y mi labio atrevido se unieron en uno,
los suaves susurros y un beso mudo
hicieron el cielo y gloria de alguno.

Y probé de su boca, el vino bebido
libé de su cuerpo, la miel de dulzura
aspiré de sus poros, el aroma escondido
y ví en sus ojos, un amor que perdura.


Héctor Navarro Arzate
21 de octubre de 1993
Bellos y sensuales versos para un hermoso poema de amor. Me ha gustado amigo Hector. Un abrazo. Paco.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba