coral
Una dama muy querida en esta casa.
Tierra deprimida
Nada pasa en estas tierras, ¡Nada bueno, aclaro! Me asomo a mi balcón cubierto por un tejado con sus cornisas de barro. Allí me fumo un cigarrillo, porque dentro de mis cuatro paredes, se contamina el aire. Veo las argollas del humo, subiendo directo al espacio abierto, mis pupilas se alejan, se alejan más allá de mis pestañas, observo las montañas, con unos nubarrones negros a punto de hacer aguaceros. Una llovizna menuda y helada me salpica las mejillas, congelando mi piel despertando mi melancolía.
¡Hay mucha tela de donde cortar, para soportar la vida! – me digo -. ¿Que se puede hacer para no hacer caso a este frio? Soñar más, ¡No debo! cuando se están desbordando los ríos, cuando los techos se caen sobre nuestros despojados hermanos, las calles se esconden bajo del agua y el barro y el agua se desborda de los ríos, carcomiendo la tierra de las carreteras y se derrumbas las montañas y se dañan las cosechas y los animales gimen enterrados en lodazales sin que nadie los ayude.
Mi imaginación vuela hasta las selvas donde algún hermano estará atado a unas cadenas y yo bajo de mi tejado con sus cornisas de barro pensando, sólo pensando, que! Dios me sigue amparando!
¡No sé porque cuando llueve, mi alma se humedece de penas! Y es que la vida me duele, me duele cuando mi imagino que hay penas que son más penas, tan grandes como una condena y mis manos impotentes no puede hacer nada para ayudar a mis semejantes; ¿de que me sirve llorar, o sentir ese escalofrío? al ver los niños despiertos y llorando de hambre y de frio,¿ de que me sirve ahorrar el agua para que no se sequen los ríos sí ya al planeta, la mano del hombre ha destruido?,¡ y no es que no esté contribuyendo a ayudar con mi granito de arena para cuidar lo que queda del planeta. Sé que se avecina una fuerte tormenta de polvo que cubrirá toda la tierra, se derretirán los muros de hielo haciéndose uno el mar y el firmamento. Y yo sigo pensando, que esta lluvia menudita y fría que caen sobre mis mejillas me hace recordar que aún estoy viva y algo he de inventar para que no me inunde la sequía, para no imaginar que se aproxima la desdicha y el caos que carcomerá lo poco que queda de vida.
Prudencia Arenas
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