Naturu3
Poeta fiel al portal
Una vez, conocí a un labriego.
Tan sólo sus migas de piel de pan, descubrieron un redentor fuego dormido, que callaban mis manos, escondidas en plástico.
Una noche cené alrededor de su fogón tradicional. Mastiqué su charque, me ensucié la camisa con su sopa y finalmente se acercó el motivo de los días a mis dudas permanentes como aquellas vasijas que me alimentaron.
Tan sólo sus migas de piel de pan, descubrieron un redentor fuego dormido, que callaban mis manos, escondidas en plástico.
Una noche cené alrededor de su fogón tradicional. Mastiqué su charque, me ensucié la camisa con su sopa y finalmente se acercó el motivo de los días a mis dudas permanentes como aquellas vasijas que me alimentaron.
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