Es posible amor, sólo es posible,
que este despertar en el tiempo
nos haga daño a los dos,
es posible que tu nombre y el mío,
grabados en aquel viejo árbol,
testigo de vivas sombras,
hayan renunciado a ser
nuestro signo más certero:
blanco de mi amor y el tuyo.
El tiempo se ha llevado sin preguntas
la hoja fresca convirtiéndola en pálida hojarasca;
ya enmudeció la palabra,
el gesto amable, la lira;
y el futuro se viste de grises alfileres.
Pero no importa el dolor contigo.
No seré yo quien renuncie
a tus labios en soledad,
al calor efímero de un beso
mientras sea tuyo.
No dejaré huérfanas tus manos
ya que hoy más que nunca
necesitan un contrato amigo.