Kesil
Poeta recién llegado
Hay un tigre que muerde
la corteza de este árbol.
Con sus garras desgarra
-el oro, lo malva-
el instinto primero,
me pregunto qué estará buscando...
El oro y la plata brillan en su pelaje
-ojos, sangre, colmillos-
y el árbol allí... dispuesto,
lo abre, lo abre...
Surge entonces un pálpito celeste -¡aleación de plata!-
y con un desgarro-rugido
el gris rojo se vuelve,
la tormenta se libera -¡y me desata!
La fe cae implacable como un susurro de cadenas,
parece templada, -es fría-
y me sube reptando
serena... serena...
Y de repente soy ya yo sólo yo,
animal de fondo, -rubí-
conjunción eterna y constelación.
Despierto jadeante y oigo la dulce voz del bosque ,
me susurra al oído:
que respire,
que todos son actos de amor,
-tranquilo-.
Ahora danzo ya sin filo mi tornado a tu vera,
depredador niño,
metal eterno -fundido-
gigante y estrella.
Sí, ahora ya lo recuerdo,
-¡al fin májico despertar!-
y mi alma se despeja.
Sonrío dorado.
¡Universal!
Así que esto eras,
-tú y sólo tú-
Mi Primavera.
la corteza de este árbol.
Con sus garras desgarra
-el oro, lo malva-
el instinto primero,
me pregunto qué estará buscando...
El oro y la plata brillan en su pelaje
-ojos, sangre, colmillos-
y el árbol allí... dispuesto,
lo abre, lo abre...
Surge entonces un pálpito celeste -¡aleación de plata!-
y con un desgarro-rugido
el gris rojo se vuelve,
la tormenta se libera -¡y me desata!
La fe cae implacable como un susurro de cadenas,
parece templada, -es fría-
y me sube reptando
serena... serena...
Y de repente soy ya yo sólo yo,
animal de fondo, -rubí-
conjunción eterna y constelación.
Despierto jadeante y oigo la dulce voz del bosque ,
me susurra al oído:
que respire,
que todos son actos de amor,
-tranquilo-.
Ahora danzo ya sin filo mi tornado a tu vera,
depredador niño,
metal eterno -fundido-
gigante y estrella.
Sí, ahora ya lo recuerdo,
-¡al fin májico despertar!-
y mi alma se despeja.
Sonrío dorado.
¡Universal!
Así que esto eras,
-tú y sólo tú-
Mi Primavera.
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