SguillenD
Tinta para el silencio.
Tal vez de mí ya te has olvidado, hoy somos dos personas y dos rostros que se han olvidado. Lo raro es que en el ayer, cuando decíamos nuestro querer, fue en el ayer cuando sentía tu corazón latir junto al mío; te miraba a los ojos y contemplaba tu belleza, contemplaba cada parte de ti, me sentía maravillado por tenerte junto a mí.
Fue ayer cuando jugábamos y peleábamos por quién amaba más. Creo que he ganado, aunque te hayas ido, tu presencia sigue aquí, impregnando todo este lugar. No juzgo tu decisión, me ha servido para volver a escribir; cada día que quiero llorar y no puedo, todo lo que mi pecho calla lo plasmo en estas hojas, en este cuaderno. La luna es testigo de mis desvelos, los búhos en las noches y en la mañana los pájaros en el cantar.
Ellos anuncian que el mundo sigue, mientras yo me quedo aquí, refugiado en la tinta. Porque si ganar significaba quedarse con el peso de los recuerdos, entonces soy el vencedor de una guerra que nadie quería ganar. Ya no te busco en las calles, ahora te busco en la punta de mi lápiz, porque solo ahí todavía me perteneces. He aprendido que hay amores que no se terminan, solo se mudan de lugar: el tuyo se mudó de mi lado a mis versos.
Cierro este cuaderno no porque te haya olvidado, sino porque mi pecho al fin ha dicho todo lo que tenía que callar. Te dejo libre en estas páginas, para que yo pueda, por fin, volver a caminar.
Fue ayer cuando jugábamos y peleábamos por quién amaba más. Creo que he ganado, aunque te hayas ido, tu presencia sigue aquí, impregnando todo este lugar. No juzgo tu decisión, me ha servido para volver a escribir; cada día que quiero llorar y no puedo, todo lo que mi pecho calla lo plasmo en estas hojas, en este cuaderno. La luna es testigo de mis desvelos, los búhos en las noches y en la mañana los pájaros en el cantar.
Ellos anuncian que el mundo sigue, mientras yo me quedo aquí, refugiado en la tinta. Porque si ganar significaba quedarse con el peso de los recuerdos, entonces soy el vencedor de una guerra que nadie quería ganar. Ya no te busco en las calles, ahora te busco en la punta de mi lápiz, porque solo ahí todavía me perteneces. He aprendido que hay amores que no se terminan, solo se mudan de lugar: el tuyo se mudó de mi lado a mis versos.
Cierro este cuaderno no porque te haya olvidado, sino porque mi pecho al fin ha dicho todo lo que tenía que callar. Te dejo libre en estas páginas, para que yo pueda, por fin, volver a caminar.