Anne_
I killed Bukowski.
Uno de estos sábados,
cuando me vea navegando
entre las orugas congeladas de las persianas,
y el tipo de arriba deje de observarme
cuando tengo la ventana abierta,
uno de estos sábados,
entre la fiebre de los silencios,
he de quebrarme
ante los rubores de mi inconsciente,
cuando me columpiaba entre jirafas de soda,
cuando remendaba mis talones
y sacudía las hojas secas del parque Roosevelt,
he tenido algo de suerte,
alguna vez alguien me dejó las sobras de su comida,
alguna vez alguien me obsequió algún abrigo
pasado de moda, alguna vez encontré
una Diners con la clave anotada,
hoy, ya ni siquiera tengo necesidades fisiológicas,
ni intereses biológicos,
el aire suena como químicos
destruyendo la ventanilla del auto,
renderizandose con la voz del conductor,
¿Qué éramos antes de que se inventara
el termino gente?,
tengo miedo, miedo a que las boas del pasillo
me fotografíen un lunes por la mañana,
cuando lo único que deseo
es quedarme flotando en mi cereal
con mis happy converses y la mirada ataviada
de tipografías amputadas,
de cólicos urbanos y bases para piel mixta,
yo, a veces lloro, no es siempre
pero a veces lloro,
sé que mi único remedio es enmudecerme
y deslizarme infernalmente
entre carmines coloradas y dinosaurios magentas,
que mi única solución es desprenderme de las nubes
y caer a incalculables velocidades
mientras los niños en la escuela
aprenden sobre gravedades no tan graves,
quisiera despertar siendo una hormiga en tacones,
despertar convertida en los ecos de la nieve,
en las tertulias de las aves,
en las imágenes del seol,
yo, a veces lloro, no es siempre
pero a veces lloro,
y suelo girar en el piso
golpeando la lluvia blanca
que desciende en formas de versículos bíblicos
y estamentos judiciales,
suelo lanzarme contra la muerte
y embadurnarme con los destellos
de las galaxias rotas.
Uno de estos sábados dejaré de dolerte,
no, sé que no lo haré,
antes me volveré la tierra seca
debajo de los puentes,
las botellas vacías de los alcohólicos,
el último episodio del correcaminos,
y las colinas verdes de Angoria
pobladas de Mac y fugaces dragones imaginarios,
te extraño mucho.
cuando me vea navegando
entre las orugas congeladas de las persianas,
y el tipo de arriba deje de observarme
cuando tengo la ventana abierta,
uno de estos sábados,
entre la fiebre de los silencios,
he de quebrarme
ante los rubores de mi inconsciente,
cuando me columpiaba entre jirafas de soda,
cuando remendaba mis talones
y sacudía las hojas secas del parque Roosevelt,
he tenido algo de suerte,
alguna vez alguien me dejó las sobras de su comida,
alguna vez alguien me obsequió algún abrigo
pasado de moda, alguna vez encontré
una Diners con la clave anotada,
hoy, ya ni siquiera tengo necesidades fisiológicas,
ni intereses biológicos,
el aire suena como químicos
destruyendo la ventanilla del auto,
renderizandose con la voz del conductor,
¿Qué éramos antes de que se inventara
el termino gente?,
tengo miedo, miedo a que las boas del pasillo
me fotografíen un lunes por la mañana,
cuando lo único que deseo
es quedarme flotando en mi cereal
con mis happy converses y la mirada ataviada
de tipografías amputadas,
de cólicos urbanos y bases para piel mixta,
yo, a veces lloro, no es siempre
pero a veces lloro,
sé que mi único remedio es enmudecerme
y deslizarme infernalmente
entre carmines coloradas y dinosaurios magentas,
que mi única solución es desprenderme de las nubes
y caer a incalculables velocidades
mientras los niños en la escuela
aprenden sobre gravedades no tan graves,
quisiera despertar siendo una hormiga en tacones,
despertar convertida en los ecos de la nieve,
en las tertulias de las aves,
en las imágenes del seol,
yo, a veces lloro, no es siempre
pero a veces lloro,
y suelo girar en el piso
golpeando la lluvia blanca
que desciende en formas de versículos bíblicos
y estamentos judiciales,
suelo lanzarme contra la muerte
y embadurnarme con los destellos
de las galaxias rotas.
Uno de estos sábados dejaré de dolerte,
no, sé que no lo haré,
antes me volveré la tierra seca
debajo de los puentes,
las botellas vacías de los alcohólicos,
el último episodio del correcaminos,
y las colinas verdes de Angoria
pobladas de Mac y fugaces dragones imaginarios,
te extraño mucho.