prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
¡No hay piedras vírgenes, amor!
El silencio es una arena movediza cuyo horizonte
se propaga como mandriles excitados, devorando una nación de flores.
Son los marineros con barbas de plata, marineros- monedas
que navegan por el mar de la pobreza
y nunca llegan a rescatar la niña de tu lengua.
Somos el cielo de una tarde aplastada, coagulado
sobre el pecho de tantos árboles sin culpa.
Hay piedras desnudas que se dirigen al carnaval de los ciegos
y aminoran la velocidad de su baile
cuando los cóndores se detienen entre tus pestañas para tomar rocío.
Y en los valles de tu vientre el caos. Como la luz de una farola
esa miopía incipiente que desdibuja el anclaje de cada caricia.
Me pesa el cobre de tus senos invadido por algas intemporales.
Resbalamos por las mejillas de esos pinos estrangulados,
momificados, envueltos en sabanas blancas empapadas con óleos de mirlo,
porque son labios las alas amputadas.
Confluimos como títeres de niebla
manejados por las manos del olvido.
El silencio es una arena movediza cuyo horizonte
se propaga como mandriles excitados, devorando una nación de flores.
Son los marineros con barbas de plata, marineros- monedas
que navegan por el mar de la pobreza
y nunca llegan a rescatar la niña de tu lengua.
Somos el cielo de una tarde aplastada, coagulado
sobre el pecho de tantos árboles sin culpa.
Hay piedras desnudas que se dirigen al carnaval de los ciegos
y aminoran la velocidad de su baile
cuando los cóndores se detienen entre tus pestañas para tomar rocío.
Y en los valles de tu vientre el caos. Como la luz de una farola
esa miopía incipiente que desdibuja el anclaje de cada caricia.
Me pesa el cobre de tus senos invadido por algas intemporales.
Resbalamos por las mejillas de esos pinos estrangulados,
momificados, envueltos en sabanas blancas empapadas con óleos de mirlo,
porque son labios las alas amputadas.
Confluimos como títeres de niebla
manejados por las manos del olvido.
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