José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
En la noche,
ese espacio tuyo y mío,
me abrazo a tus caricias
al placer sin acertijos
donde tus sueños se ocultan
con ropas de seda
en una frontera móvil.
Te guío por caminos perversos,
esclavizo tu corazón de gaviota
en un claro del bosque,
el aire es espeso
y, aunque no brote el sudor,
de tus hambrientas pupilas
sale la brisa que me acompaña,
es un barco navegando
bajo el encanto de tu bahía.
Mariposa mía, desfilas por una calle
donde la flor es el nervio de una ola,
te desnudan las sombras
bajo la luz de la luna
en un molino vagabundo
atravesado por un arroyo
donde lo tangible reside en el aura.
Eres la sonrisa de la buena hierba
cuando caminas descalza
a lomos de un campo sediento
una punta de aguja
transita por tus galaxias
en líneas rectas sin esquinas.