Alas de marioneta
Poeta asiduo al portal
Al aire le pido su viento y a las costas le pido su mar.
brillo a la luz de cada estrella y se me apaga el sol para no verme llorar.
Canto la canción que no recuerdo y sin su música aprendo a bailar,
descalzo, sin los pies en el suelo, con las manos abiertas de acariciar la oscuridad.
Escribo en una libreta el silencio y el silencio me escribe una frase donde nunca estás,
frente al fuego que no quema, sobre la leña mojada de tanto madrugar.
Grito al oído un porqué. Y me miento un ayer, un hoy y un no se cuando más
haciendo barquitos de papel mojado para no tener que aprender a naufragar.
Imagino que es día de fiesta, con dos tazas de café al despertar,
jadeándole a las persianas que se queden quietas, que no nos queremos levantar,
casi cerradas, casi entreabiertas, dándole las llaves al sol por si quiere entrar,
lentamente, como si el horizonte lo estuviera hundiendo bajo su azul de mar.
Me imagino a mi mismo, del mismo modo que en cada sueño no me quiero soñar,
noctámbulo de pies y manos ante el infierno que no me deja dejarla olvidar.
Oscurezco el blanco de las paredes blancas de tanto volverlas a pintar,
Perezosas de perder la imagen enmarcada de su último retrato por acabar.
Quizás lloro por ella, o por por mi mismo, o simplemente por un quizás,
rodeando la pasta negra de mis gafas que quizás tampoco la quieren recordar
Saboreando mi mirada con esos ojos que como nadie, me sabían mirar,
tan acróbata de mis actos que entre beso y beso, le quería enseñar a volar.
Un paso al vacío desde mi cuerpo y mi cuerpo, sin que nunca diera un paso atrás,
volando entre la cama y el espejo y nosotros, siempre dejándonos llevar.
brillo a la luz de cada estrella y se me apaga el sol para no verme llorar.
Canto la canción que no recuerdo y sin su música aprendo a bailar,
descalzo, sin los pies en el suelo, con las manos abiertas de acariciar la oscuridad.
Escribo en una libreta el silencio y el silencio me escribe una frase donde nunca estás,
frente al fuego que no quema, sobre la leña mojada de tanto madrugar.
Grito al oído un porqué. Y me miento un ayer, un hoy y un no se cuando más
haciendo barquitos de papel mojado para no tener que aprender a naufragar.
Imagino que es día de fiesta, con dos tazas de café al despertar,
jadeándole a las persianas que se queden quietas, que no nos queremos levantar,
casi cerradas, casi entreabiertas, dándole las llaves al sol por si quiere entrar,
lentamente, como si el horizonte lo estuviera hundiendo bajo su azul de mar.
Me imagino a mi mismo, del mismo modo que en cada sueño no me quiero soñar,
noctámbulo de pies y manos ante el infierno que no me deja dejarla olvidar.
Oscurezco el blanco de las paredes blancas de tanto volverlas a pintar,
Perezosas de perder la imagen enmarcada de su último retrato por acabar.
Quizás lloro por ella, o por por mi mismo, o simplemente por un quizás,
rodeando la pasta negra de mis gafas que quizás tampoco la quieren recordar
Saboreando mi mirada con esos ojos que como nadie, me sabían mirar,
tan acróbata de mis actos que entre beso y beso, le quería enseñar a volar.
Un paso al vacío desde mi cuerpo y mi cuerpo, sin que nunca diera un paso atrás,
volando entre la cama y el espejo y nosotros, siempre dejándonos llevar.