L
Luis Miguel Rubio Domingo
Invitado
Qué lento
llegado el momento
de olvidar el juego.
Cuando no hay matices.
Queremos dormir y te atrincheras
con todos los cojines.
Yo espero a que acabes de encerrarte en tu castillo
y extiendas tu pierna más próxima
sobre mi vientre.
Sentir tu piel caliente
en el centro de mi herida
el peso de tus muslos
sobre mis caderas.
Imposible llegar a tus mejillas
con los cerrojos que impones a mis manos.
Si pudiera la voz, de ti quebrada
decir algo, estaría de más, ofendería.
De modo que el silencio
extiende su dosel sobre la cama
y nos arropa
y mece.
llegado el momento
de olvidar el juego.
Cuando no hay matices.
Queremos dormir y te atrincheras
con todos los cojines.
Yo espero a que acabes de encerrarte en tu castillo
y extiendas tu pierna más próxima
sobre mi vientre.
Sentir tu piel caliente
en el centro de mi herida
el peso de tus muslos
sobre mis caderas.
Imposible llegar a tus mejillas
con los cerrojos que impones a mis manos.
Si pudiera la voz, de ti quebrada
decir algo, estaría de más, ofendería.
De modo que el silencio
extiende su dosel sobre la cama
y nos arropa
y mece.