todavía te recuerdo en ese vestido blanco

daigual

Poeta recién llegado
Todavía te recuerdo
en ese vestido blanco,
girando con tu sonrisa
una noche de verano.
Llevabas el pelo corto
que caía muy despacio
sobre tus ojos tan grandes,
que aún conservan ese amargo.
La luna palidecía,
era un triste garabato
envidiosa de tu cuerpo
que mecías a tu paso.
Eran fiestas en el pueblo,
con la plaza rebosando,
pero nadie se fijó
en unos niños soñando.
Me marché al día siguiente
y pasaron tantos años
que pensé que nada fue,
que lo había figurado.
Hecho un chaval regresé,
Metí mi vida en un saco,
callé y me dejé llevar,
fue el destino el que me trajo.
Pasé con indiferencia
los primeros días faltos
de ilusión y sin sentido,
me quemaba aquél verano.
Un día salí de casa
y fui a sentarme en un banco
de la plaza, justo en frente
y miré a un grupo cercano.
Me fijé en una chiquita
con el pelo suelto y largo
que le caía en los ojos,
que eran grandes y tan claros.
Me recorrió por el cuerpo
de pies a cabeza un rayo
y de nuevo vi una niña
volando un vestido blanco.
No lo sabías entonces
ni pudiste imaginarlo,
pero aquél día en la plaza
me sonrió el sol de mayo.
 
Todavía te recuerdo
en ese vestido blanco,
girando con tu sonrisa
una noche de verano.
Llevabas el pelo corto
que caía muy despacio
sobre tus ojos tan grandes,
que aún conservan ese amargo.
La luna palidecía,
era un triste garabato
envidiosa de tu cuerpo
que mecías a tu paso.
Eran fiestas en el pueblo,
con la plaza rebosando,
pero nadie se fijó
en unos niños soñando.
Me marché al día siguiente
y pasaron tantos años
que pensé que nada fue,
que lo había figurado.
Hecho un chaval regresé,
Metí mi vida en un saco,
callé y me dejé llevar,
fue el destino el que me trajo.
Pasé con indiferencia
los primeros días faltos
de ilusión y sin sentido,
me quemaba aquél verano.
Un día salí de casa
y fui a sentarme en un banco
de la plaza, justo en frente
y miré a un grupo cercano.
Me fijé en una chiquita
con el pelo suelto y largo
que le caía en los ojos,
que eran grandes y tan claros.
Me recorrió por el cuerpo
de pies a cabeza un rayo
y de nuevo vi una niña
volando un vestido blanco.
No lo sabías entonces
ni pudiste imaginarlo,
pero aquél día en la plaza
me sonrió el sol de mayo.


Me ha estremecido la ternura de este poema, que habla muy bien de tu sensibilidad.
Abrazos y estrellas.
 

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