Anouk
Poeta recién llegado
No eres tú ni tampoco soy yo, no es ella ni tampoco es él.
Son todas tus mentiras golpeando mi ventana, llamando a mi puerta.
Yo no te busqué, yo no te quería
Fuiste el huracán que arrasó mi vida, esa vida que tenía antes de ti.
Esa bestia despiadada y astuta que un día interrumpió mi vida.
Una bestia tan bella, tan sumamente perfecta...
A día de hoy solo soy restos de mí, restos de lo que un día fui.
Fuimos grandes juntas, yo pude volar con cada beso y sentir la luna sobre mis pies.
Yo pude sentir que el sol no quemaba y que al estirar las puntas de mis dedos tocaba las estrellas.
Sentí el mundo mio, me sentí como cuando era niña, me sentí que era grande.
Descubrí que una sonrisa o una mirada era capaz de borrar cualquier tipo de tristeza.
No te pedí que vinieras, pero quizá te estaba esperando, para qué negar que me hiciste sentir viva.
Todavía te recuerdo y tiemblo como una hoja de otoño movida por el viento.
Todavía te recuerdo y suspiro dándole una bocanada de aire a este castigado corazón.
Todavía te recuerdo sentada en el banco de siempre esperándome.
Todavía soy la misma de la cual te enamoraste, por si de pronto vuelves a pensar en mí y decides buscarme.
Todavía sigo aquí aunque tu ya no estés, aunque yo ya no vuelo ni tampoco siento la luna en mis pies, y cuando estiro los dedos no alcanzo las estrellas y el sol me quema más que nunca.
Y descubrí que las miradas y las sonrisas también son capaces de quitarte la vida.
No eres tú ni es ella, ni tampoco es él.
Soy yo que todavía te recuerdo.
Son todas tus mentiras golpeando mi ventana, llamando a mi puerta.
Yo no te busqué, yo no te quería
Fuiste el huracán que arrasó mi vida, esa vida que tenía antes de ti.
Esa bestia despiadada y astuta que un día interrumpió mi vida.
Una bestia tan bella, tan sumamente perfecta...
A día de hoy solo soy restos de mí, restos de lo que un día fui.
Fuimos grandes juntas, yo pude volar con cada beso y sentir la luna sobre mis pies.
Yo pude sentir que el sol no quemaba y que al estirar las puntas de mis dedos tocaba las estrellas.
Sentí el mundo mio, me sentí como cuando era niña, me sentí que era grande.
Descubrí que una sonrisa o una mirada era capaz de borrar cualquier tipo de tristeza.
No te pedí que vinieras, pero quizá te estaba esperando, para qué negar que me hiciste sentir viva.
Todavía te recuerdo y tiemblo como una hoja de otoño movida por el viento.
Todavía te recuerdo y suspiro dándole una bocanada de aire a este castigado corazón.
Todavía te recuerdo sentada en el banco de siempre esperándome.
Todavía soy la misma de la cual te enamoraste, por si de pronto vuelves a pensar en mí y decides buscarme.
Todavía sigo aquí aunque tu ya no estés, aunque yo ya no vuelo ni tampoco siento la luna en mis pies, y cuando estiro los dedos no alcanzo las estrellas y el sol me quema más que nunca.
Y descubrí que las miradas y las sonrisas también son capaces de quitarte la vida.
No eres tú ni es ella, ni tampoco es él.
Soy yo que todavía te recuerdo.
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