Viento de américa
Poeta adicto al portal
Los postes del alumbrado
con su único ojo de cíclope
se quedaron quietecitos,
vigilando, sin parpadear,
los inútiles intentos por huir de nuestras sombras.
La luna en su lontananza
se tapó la cara con las nubes,
las estrellas detuvieron su titilar:
habían cesado los motivos
para el aullido de los perros
y el canto de los grillos.
Los árboles apenas y respiraban.
Las hojas no respetaron las leyes de gravedad,
tímidas se aferraron a las ramas
y el viento suave desistió de sus afanes.
En este marasmo nocturno,
sólo mis manos y labios
no dejaban de temblar como epilépticos
por culpa de tu beso;
por culpa del roce de tus labios,
mariposas en agonía.
con su único ojo de cíclope
se quedaron quietecitos,
vigilando, sin parpadear,
los inútiles intentos por huir de nuestras sombras.
La luna en su lontananza
se tapó la cara con las nubes,
las estrellas detuvieron su titilar:
habían cesado los motivos
para el aullido de los perros
y el canto de los grillos.
Los árboles apenas y respiraban.
Las hojas no respetaron las leyes de gravedad,
tímidas se aferraron a las ramas
y el viento suave desistió de sus afanes.
En este marasmo nocturno,
sólo mis manos y labios
no dejaban de temblar como epilépticos
por culpa de tu beso;
por culpa del roce de tus labios,
mariposas en agonía.