Ventanita del alma.
Tan sutil y tan reina.
¿Por qué será que tanto
me alegra ignorarte,
y saberte de siempre?
No podemos negarnos,
ni matarnos de tiempo.
Un huracán de pasos,
nos empuja y a veces,
saca notas sedientas
de tus húmedos labios.
Son las bodas de barro
las que el viento festeja.
Desvelemos descalzos
esta virtual distancia.
Igualar la balanza
de soledad y nosotros.
Porque seremos ciertos,
princesa del ensueño.
Porque seremos uno,
si llegamos al cruce.
Mitades de verdades,
develando un secreto.
Nos llevan de la mano
los celestes jardines,
aquellos que inventamos,
el lienzo, los colores,
doblemente partidos,
mostrándonos el brillo
al pié de la montaña.
Los surcos dibujados
por la total memoria,
como pétalos mansos
meciéndose en tus ojos.
Parece que nos vieran,
sonriendo, los espejos.
Nos alertan los pájaros.
Nos recuerda el otoño.
Aquel crujir de hojas,
melodías y momentos,
que nos vieron tan grises,
tan tristes,
embriagados de invierno.
Melancólica y dulce
princesita de ensueño.
Pero el tiempo ha cesado
de sangrarnos a espinas.
Aquel muelle hoy reparte,
más acá de la muerte,
en su eufórica espera,
las fugaces y eternas
canciones de alegría.
Porque te siente cerca
de su añeja madera,
y el marinero estuvo
siempre al borde del lienzo.
Sin querer tropezamos,
todo se hizo futuro,
todo se hizo comienzo.
Ventanitas del alma.
Huracanes de pasos.
Sermones del invierno.
Todo cuanto inventamos.
Todo cuanto soñamos,
reventando los techos,
los límites impuestos,
ciudades de mentiras!
Un diluvio de llantos
surcando hacia el océano.
Sin querer destruimos
las jaulas del espanto.
Sin querer nos quisimos
más allá de los tiempos.
Porque seguimos fieles
al amor sin estatus.
Porque seguimos niños
jugando en los umbrales,
y así nos dimos cuenta
que aquel sueño era eterno.
Porque fue mar adentro
que encontramos la risa.
Venciendo la llovizna.
Todo se hizo momento.
Porque el faro desmiente
aquel límite oscuro.
Porque seremos libres,
al fin,
de la tristeza.
Ahora.
Bienamada princesa.
Todo se hizo futuro.
Tan sutil y tan reina.
¿Por qué será que tanto
me alegra ignorarte,
y saberte de siempre?
No podemos negarnos,
ni matarnos de tiempo.
Un huracán de pasos,
nos empuja y a veces,
saca notas sedientas
de tus húmedos labios.
Son las bodas de barro
las que el viento festeja.
Desvelemos descalzos
esta virtual distancia.
Igualar la balanza
de soledad y nosotros.
Porque seremos ciertos,
princesa del ensueño.
Porque seremos uno,
si llegamos al cruce.
Mitades de verdades,
develando un secreto.
Nos llevan de la mano
los celestes jardines,
aquellos que inventamos,
el lienzo, los colores,
doblemente partidos,
mostrándonos el brillo
al pié de la montaña.
Los surcos dibujados
por la total memoria,
como pétalos mansos
meciéndose en tus ojos.
Parece que nos vieran,
sonriendo, los espejos.
Nos alertan los pájaros.
Nos recuerda el otoño.
Aquel crujir de hojas,
melodías y momentos,
que nos vieron tan grises,
tan tristes,
embriagados de invierno.
Melancólica y dulce
princesita de ensueño.
Pero el tiempo ha cesado
de sangrarnos a espinas.
Aquel muelle hoy reparte,
más acá de la muerte,
en su eufórica espera,
las fugaces y eternas
canciones de alegría.
Porque te siente cerca
de su añeja madera,
y el marinero estuvo
siempre al borde del lienzo.
Sin querer tropezamos,
todo se hizo futuro,
todo se hizo comienzo.
Ventanitas del alma.
Huracanes de pasos.
Sermones del invierno.
Todo cuanto inventamos.
Todo cuanto soñamos,
reventando los techos,
los límites impuestos,
ciudades de mentiras!
Un diluvio de llantos
surcando hacia el océano.
Sin querer destruimos
las jaulas del espanto.
Sin querer nos quisimos
más allá de los tiempos.
Porque seguimos fieles
al amor sin estatus.
Porque seguimos niños
jugando en los umbrales,
y así nos dimos cuenta
que aquel sueño era eterno.
Porque fue mar adentro
que encontramos la risa.
Venciendo la llovizna.
Todo se hizo momento.
Porque el faro desmiente
aquel límite oscuro.
Porque seremos libres,
al fin,
de la tristeza.
Ahora.
Bienamada princesa.
Todo se hizo futuro.
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