Vital
Poeta veterano en el portal
¡El sol alumbra mis pasos! para que no pise las flores que enamoradas se abren al amanecer de su cálida mirada.
Hoy me encontré un pajarillo, recién caído del nido. Tenía poco plumón y estaba muy desprotegido. Si hubiera caminado con prisas no lo hubiera visto. Pero a mí me pasa algo raro desde pequeño, pues todo lo encuentro, por ir mirando donde piso, mientras que otros por mirar al balón o al móvil se pierden muchos mágicos momentos.
Sin pensarlo dos veces, fui a buscar una escalera y pude colocarlo en su nido, y al hacerlo comprendí porqué se había caído. El nido estaba completamente inclinado, pues un golpe de viento hizo girar la rama y como los nidos no tienen puertas ni ventanas el pajarillo sin plumas y desvalido fue lanzado al suelo.
¡Qué suerte la mía gozar de refrescante sombra al mediodía cuando la conciencia dormita!
Quizás otro en mi lugar se hubiera sentido afortunado y se lo llevaría a casa para criarlo en una jaula. Egoísta forma de sentirse afortunado propinando condena al inocente pajarillo.
Es mi gozo verles crecer, y aún más cuando les contemplo alzar el vuelo por primera vez libres. Quizás porque yo me siento libre al tener en mis manos su condena o libertad. Y agradezco mucho cuando cerca de mi estancia elaboran sus nidos y me regalan de nuevo sus trinos.
La luna resplandeciente se baña en el estanque, mas mi alma sonríe y calla al verla caminar desnuda sobre las aguas.
¡Todo sigue igual! las ranas lo anuncian con su alegre “croar”
Hoy me encontré un pajarillo, recién caído del nido. Tenía poco plumón y estaba muy desprotegido. Si hubiera caminado con prisas no lo hubiera visto. Pero a mí me pasa algo raro desde pequeño, pues todo lo encuentro, por ir mirando donde piso, mientras que otros por mirar al balón o al móvil se pierden muchos mágicos momentos.
Sin pensarlo dos veces, fui a buscar una escalera y pude colocarlo en su nido, y al hacerlo comprendí porqué se había caído. El nido estaba completamente inclinado, pues un golpe de viento hizo girar la rama y como los nidos no tienen puertas ni ventanas el pajarillo sin plumas y desvalido fue lanzado al suelo.
¡Qué suerte la mía gozar de refrescante sombra al mediodía cuando la conciencia dormita!
Quizás otro en mi lugar se hubiera sentido afortunado y se lo llevaría a casa para criarlo en una jaula. Egoísta forma de sentirse afortunado propinando condena al inocente pajarillo.
Es mi gozo verles crecer, y aún más cuando les contemplo alzar el vuelo por primera vez libres. Quizás porque yo me siento libre al tener en mis manos su condena o libertad. Y agradezco mucho cuando cerca de mi estancia elaboran sus nidos y me regalan de nuevo sus trinos.
La luna resplandeciente se baña en el estanque, mas mi alma sonríe y calla al verla caminar desnuda sobre las aguas.
¡Todo sigue igual! las ranas lo anuncian con su alegre “croar”
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