lomafresquita
Poeta que no puede vivir sin el portal
El día escribe sus horas
en el pulso de la mañana,
mientras miles de miradas
encadenan a los sauces su lenta agonía.
Un viento decrépito agiganta la espera,
gente sin rumbo ni estrella,
ruega al cielo derrame maná
en sus bocas hambrientas.
Luchan por la vida gorrioncillos y palomas,
pero buitres, con fusil en los ojos,
disparan a su congoja.
Y el llanto inunda el pecho
de niños, mujeres y ancianos,
que, errantes por los caminos,
no se sostienen en sus pasos.
Manos vacías ofrecen compasión,
palabras vanas con promesas
de destierro a ningún lugar.
Soledad y desamparo
miseria, inhumanidad,
y todos aquí... ¿frente al mal?
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