Kein Williams
Poeta fiel al portal
¡Todos fuimos! grita afuera
la multitud en la comisaría,
al jefe y sus ocho policías
ahora le tiemblan las piernas.
En la celda está un muchacho
culpado de doble homicidio,
le había soltado seis tiros
a unos tipos en el mercado.
Don Juan Escalante de Saba
y Andrés Bustamante Sevilla,
habían mancillado a la niña
que el muchacho tanto amaba.
Pero el jefe policía corrupto
no escuchó razón ni ruego,
comprado por unos talegos
dijo no había crimen alguno.
Y ante tal brutal injusticia
la desgracia a risas lo celebra,
mancillando otra vez a la doncella
que decidió acabar con su vida.
Y en medio del dolor y el duelo
mientras se despiden los dolientes,
con tamaña sorpresa de repente
ven que ellos están en el entierro.
Ese fue el último insulto
el padre debe ser contenido,
los echan a ambos a los gritos
ni el cielo podrá darles indulto.
Y el joven le pide a su suegro
que le preste sus armas de tiro,
lo demás ya les es conocido
ahora viene por él todo el pueblo.
Exigen que sea liberado
o todos los demás pagarán
como en inquisición arderán,
¡al diablo con estos bastardos!
El jefe con total cinismo
les dijo: «Él es homicida».
Entonces la turba enardecida
gritó al unísono: «¡Todos fuimos!».
Por miedo y por falta de opciones
el jefe pide que liberen al detenido,
quien a vitores es bien recibido
ahora falta la última de las acciones.
El viejo de la carnicería
sin temor mostró su rostro,
mirando fijamente a sus ojos
le habló al jefe de la policía.
Si un día vuelve a pasar esto
quiero que lo tenga presente
aquí estará toda esta gente
y entonces: ¡todos seremos!
El sudor cayó por su frente
no le quedó duda alguna
igual que en Fuenteovejuna
aquí, solo hay inocentes.
la multitud en la comisaría,
al jefe y sus ocho policías
ahora le tiemblan las piernas.
En la celda está un muchacho
culpado de doble homicidio,
le había soltado seis tiros
a unos tipos en el mercado.
Don Juan Escalante de Saba
y Andrés Bustamante Sevilla,
habían mancillado a la niña
que el muchacho tanto amaba.
Pero el jefe policía corrupto
no escuchó razón ni ruego,
comprado por unos talegos
dijo no había crimen alguno.
Y ante tal brutal injusticia
la desgracia a risas lo celebra,
mancillando otra vez a la doncella
que decidió acabar con su vida.
Y en medio del dolor y el duelo
mientras se despiden los dolientes,
con tamaña sorpresa de repente
ven que ellos están en el entierro.
Ese fue el último insulto
el padre debe ser contenido,
los echan a ambos a los gritos
ni el cielo podrá darles indulto.
Y el joven le pide a su suegro
que le preste sus armas de tiro,
lo demás ya les es conocido
ahora viene por él todo el pueblo.
Exigen que sea liberado
o todos los demás pagarán
como en inquisición arderán,
¡al diablo con estos bastardos!
El jefe con total cinismo
les dijo: «Él es homicida».
Entonces la turba enardecida
gritó al unísono: «¡Todos fuimos!».
Por miedo y por falta de opciones
el jefe pide que liberen al detenido,
quien a vitores es bien recibido
ahora falta la última de las acciones.
El viejo de la carnicería
sin temor mostró su rostro,
mirando fijamente a sus ojos
le habló al jefe de la policía.
Si un día vuelve a pasar esto
quiero que lo tenga presente
aquí estará toda esta gente
y entonces: ¡todos seremos!
El sudor cayó por su frente
no le quedó duda alguna
igual que en Fuenteovejuna
aquí, solo hay inocentes.
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