isabel rodriguez
Poeta asiduo al portal
De la carretera
nos quedó
el ritmo de sus piedras.
Un tango de pisadas
con los zapatos
húmedos
sobre un barrizal
repleto de sueños.
Sueños,
sueños.
Robando espigas
a la noche
donde se dibuja
el campo
y su mortaja.
Ese azul
desprovisto
de paleta y
sin pintura
para plasmar
el horizonte.
Sueños,
sueños.
El verde grisáceo
del pasado
cargado a lomos
de un paisaje
abierto.
Lugar de ancestros
y memorias.
Repletos de moho
se encajan
los sueños,
sueños,
sueños,
que quedaron en la tierra
sobre retratos
blanco y negro
de un tiempo
ya vivido
y ya sólo recordado.
De mi nombre,
de tu nombre.
Lo que fui,
lo que fuimos,
lo que hoy somos
en el tintineo
cristalino de tus ojos
que saben más del mundo
que todas
las enciclopedias.
nos quedó
el ritmo de sus piedras.
Un tango de pisadas
con los zapatos
húmedos
sobre un barrizal
repleto de sueños.
Sueños,
sueños.
Robando espigas
a la noche
donde se dibuja
el campo
y su mortaja.
Ese azul
desprovisto
de paleta y
sin pintura
para plasmar
el horizonte.
Sueños,
sueños.
El verde grisáceo
del pasado
cargado a lomos
de un paisaje
abierto.
Lugar de ancestros
y memorias.
Repletos de moho
se encajan
los sueños,
sueños,
sueños,
que quedaron en la tierra
sobre retratos
blanco y negro
de un tiempo
ya vivido
y ya sólo recordado.
De mi nombre,
de tu nombre.
Lo que fui,
lo que fuimos,
lo que hoy somos
en el tintineo
cristalino de tus ojos
que saben más del mundo
que todas
las enciclopedias.