jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
a veces me gustaría ser simplemente una puta cucaracha
en lugar del poeta romántico y sentimental que soy
vivir hacinado dentro de la tubería del fregadero
junto con otras veinte o treinta de ellas
mover mis antenas y sintonizar una estación de radio
donde transmitieran canciones de fito olivares
y copular a ritmo de cumbia con la cucaracha más culona de la cañería
sin tener que ponerme un puto condón
ni preocuparme de dejarla embarazada
o de que luego tenga que rentar una casa
para vivir juntos los dos y que nadie más se la pueda coger
correrme dentro de su vagina alegremente
y sacársela y decirle nos vemos la próxima vez
y darme luego la vuelta y olvidarme de ella enseguida
total lo que sobra son culos
y no hay para qué obsesionarse con uno en especial
como nos ocurre por cierto a la mayoría de los poetas
que por una vez que llegamos a comernos una puta rosca
parecemos quedar atrapados de por vida en el remolino de la angustia
imaginando que el coño de nuestra amada huele diferente
a cualquier otro de los millones de coños que andan por el mundo
imaginando que coger con ella no tiene nada que ver
con la burda mecánica subyacente a cualquier coito
y se trata de un acto divino o alguna pendejada así de sobrenatural;
si fuese una cucaracha no sería poeta y por lo tanto
no malgastaría mi vida buscando acomodar palabras en un papel
como una forma de sacarme de encima mis neurosis
no perdería el sueño contemplando la luna y las estrellas
creyendo que en algún lugar del universo debe haber una respuesta
que pueda aliviar la sensación de vacío que me agobia
o el miedo a la terrible nada que acecha más delante;
me pasaría feliz de la vida explorando los contenedores de basura
comiendo pedacitos de mierda sin pararme a examinar
su contenido calórico o el porcentaje de nutrientes que aportan
a la puta dieta baja en triglicéridos que me impuso el cardiólogo;
y después de hartarme a reventar de porquería
me tiraría panza arriba junto a cualquier charco de inmundicia
y me sumiría en un apacible sueño desprovisto de imágenes
dormiría diez horas mientras me vuelven a dar
ganas de comer y de coger y de rascarme los huevos
entonces me levantaría y echaría a andar
reptando en zig zag a través del fétido paraíso de los desechos
hasta encontrarme contigo que ahora lees
esta mierda de poema